RIVERA; CASADO Y ABASCAL

En el test de la casa de Bertín Osborne, todos salieron bien parados, aunque con matices

En el test de la casa de Bertín Osborne, todos salieron bien parados, aunque con matices
Bertín Osborne y su entrevista con Albert Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal. EP

No vamos a decir que sea raro ver al siempre serio Luis Ventoso adentrarse en terreros televisivos, porque es un periodista profundo e imaginatinativo que lleva d´ñecadas escribiendo de todo y siempre bien (La encrucijada del centro-derecha español y los apaños de Sánchez con proetarras e independentistas: ).

Pero nos ha llamado la atención que dedicara varias horas de la noche, en una fase de la vida en que el tiempo es un bien escaso y huidizo, a plantarse ante la panatlla y seguir al detalle lo que ocurrió en la casa de Bertín Osborne -en este caso un casoplón que quitaba el sentido- con los líderes de Ciudadanos, PP y VOX (Bertín Osborne sí se atreve a preguntarle a Albert Rivera por Malú: y pasa esto).

La tesis de Ventoso en su columna de ‘ABC’, este 7 de abril de 2019, es que todo salieron bien parado, aunque con matices (Bertín Osborne sí se atreve a preguntarle a Albert Rivera por Malú: y pasa esto):

  • A Norberto Juan Ortiz Osborne, vástago de una familia de aristócratas, le dio de mozo por ser cantante. En los ochenta compuso un crooner-galazote, espigado y resultón, que resolvía a pesar de sus limitaciones para el canturreo.
  • En los noventa demostró una aguda inteligencia al reinventarse como empresario y exitoso presentador de televisión. A sus 64 años, la imagen que proyecta Bertín es la de un cuñado simpático y desinhibido, perfecto para irse de cañas y reírse. Pillín, vacilón, pero sin romper nada.
  • Proclive al consejo paternalista y siempre con un fondo de hombre fiable y clásico. Como anfitrión de un programa de entrevistas a domicilio busca confraternizar con sus invitados. Ese buenrollismo coloquial sin duda funciona y entretiene, aunque no es periodismo, pues solo se alcanza tal categoría cuando se plantean las preguntas incómodas y las profundas, y eso es mucho pedir para un amable «talk show».
  • El sábado pasaron por Casa Bertín los tres candidatos que van del centro a la derecha: Rivera, de 39 años; Casado, de 38, y Abascal, de 42. No es usual verlos enfrentados a idénticas preguntas -e idénticos copazos de tintorro-, por lo que se trató de un test interesante.
  • Abascal resultó el más de carne y hueso. Transmitía franqueza con sus frases claras y su porte hierático y cachazudo. Su historia de valentía personal contra ETA otorga un plus al personaje. Habla en titulares rotundos y ahí funciona, por lo que obtendrá muchos votos.
  • Pero cuando toca pasar a la letra pequeña se percibe que le falta fondo y detalle. Casado fue el más profundo, el único de los tres capaz de aportar propuestas concretas para los problemas grandes (aunque por desgracia la política española está tan trufada de emotividad, que eso, que es lo mollar, tal vez se infravalore).
  • Casado parece un candidato más formado que la cuña de su partido con la que se va a jugar los comicios (hasta fundar Vox, Abascal nunca tuvo otra nómina que el PP). Rivera, el único de los tres que sabe lo que es trabajar en una empresa privada, cumplió, pero quedó en el ambiente la sensación de que es una moda que empieza a declinar ante la llegada de novedades.
  • Abascal se proyectó como lo que es: un nacionalista español que va de frente contra los separatismos, sin un solo titubeo. Su otra idea-fuerza es desmontar el corsé del progresismo obligatorio. Casado y Rivera son también patriotas, pero sin el énfasis directísimo de su flamante rival.
  • En economía todos se mostraron liberales y prometieron lo mismo: menos impuestos. Abascal añadió que además quiere menos Estado, idea menos explícita en Casado y tal vez dudosa en Rivera, que conserva algún tenue reflejo socialdemócrata.
  • Los tres políticos que se disputarán el voto de centro y derecha son de la misma generación, y se notaba. Más allá del tono y algún detalle moral (dos católicos y un agnóstico), todo lo que dijeron resultaba muy similar.
  • Lamenté que Bertín no sacase un magnum de rioja y un buen jamón y los convenciese allí mismo, en alegre franchachela, de que deberían ir juntos a las elecciones. Porque las sopas de letras pueden acabar llamándose Sánchez…

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