Análisis

Victor Entrialgo De Castro: «Bonjour tristesse

Victor Entrialgo De Castro: "Bonjour tristesse
La Catedral de Notre Dame, en el corazón de País, se consume entre las llamas. EP

«La reconstruiremos todos juntos. Notre Dame de Paris es el epicentro de la vida de los franceses», ha dicho un Macron, emocionado, literato, gran orador. La reconstruiremos desde mañana, con una suscripción nacional e internacional».

Notre Dame es de todos, con independencia de que luego cada uno tenga el recuerdo de su otra señora de Paris. Monumento visitado por 13 millones de visitantes anuales, Notre Dame es la catedral de los turistas. La de los creyentes y la de los que buscan serlo. La emoción de verla arder y ver caer la aguja de la Sainte Chapelle durará mucho tiempo.

El imaginario y la literatura de Victor Hugo y de Francia y Nuestra Sra. De Paris ardiendo ayer como en una película, como en una ficción. Como si fuese una imagen protagonizada por el propio Quasimodo y Esmeralda. Lo primero que se me vino a la cabeza tras la conmoción fue que algo había fallado y la paradójica coincidiencia con la Semana Santa.

Algo ha fallado en la rehabilitación del edificio religioso de mayor peregrinación turística del mundo. Desde el siglo XII se libró de muchas cosas y entre otros de Robespierre y aún tomada por la ocupación alemana, encarnó la liberación y la razón. Amenazada por todo lo que han sufrido los franceses recientemente, Notre Dame tendría que haber sido, como se hacia creer, un búnker. Visitable, pero un búnker. ¿Qué protocolos de seguridad y emergencia existían para este patrimonio de la Humanidad?. En la era de los drones, los hidroaviones, hasta los chorros de las tanquetas, cómo es posible que los esforzados bomberos y el agua hayan tardado aparentemente tanto, que pasado mucho tiempo y aún con la dificultad de su abordaje, eran escasos y ridículos los chorros que se veían.

No estuve en Paris en Mayo 68 sino en Mayo del 86 y más bien cerca de los jardines de Luxemburgo, Saint Germain de Pres y Saint Sulpice. Entonces no se iba a levantar adoquines o ver a Daniel Cohn Benditt sino que los domingos por la tarde en lugar de al fútbol pero con idéntica expectación la curiosidad y la propia corriente del boca a boca te llevaba, fueses o no creyente, tuvieses la costumbre de acudir a misa o no mucho, como era mi caso, hacia Notre Dame.

La expectación era tanta que los aledaños de Notre Dame parecían los de cualquier estadio de fútbol. Parisinos, foráneos y turistas se aprestaban a escuchar al Cardenal Justiger, que no era un cualquiera sino el intelectual de moda, casi más que el ministro de cultura vedette de Miterrand Jack Lang, y cuyas homilías eran escuchadas por catedrales llenas de personas de muy diverso signo y procedencia. Reconozco que aquellas tardes libres me fijaba en otros monumentos y Notre Dame tenía el aire de una catacumba de antiguos cristianos que iban a escuchar las sabias palabras a aquel judio polaco tan respetado, arzobispo de Paris de 1981 a 2005.

Tras lo de ayer «el 11-S francés» parece haber tenido dos partes. La de las víctimas, en Bataclan y la destrucción de otro edificio simbólico universal, Notre Dame, que ha llegado «el 15-A» .»Hemos conseguido evitar lo peor, ha dicho Macron, aunque no se haya ganado toda la batalla. Porque Notre Dame de Paris ha pasado epidemias, guerras, liberaciones, porque es nuestra historia, de donde venimos, lo que somos».

«Pero reconstruiremos Notre Dame todos juntos. Porque es lo que los franceses esperan, porque es lo que merece nuestra historia, porque es nuestro destino profundo.»

Ayer después de la conmoción, como enamorado que estaré siempre de Paris, me quedé hasta tarde con «Bonjour tristesse», sintiéndome testigo de un suceso histórico.

Podrán pasar las tragedias que han pasado, y aún mayores, pero siempre nos quedará Paris, aunque haya que reconstruirla desde la primera piedra.

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