ANALISIS

FRANCIA: ¡QUÉ VERGÜENZA! ¿ES LA DECADENCIA?

FRANCIA: ¡QUÉ VERGÜENZA! ¿ES LA DECADENCIA?
París EP

En las últimas semanas Francia ha sido noticia por varios hechos negativos, sin que nadie, y menos los españoles, hayamos hecho una crítica, aunque sea constructiva, por tales acontecimientos. Si hubiese sido en España…

A las protestas semanales y actos vandálicos de los denominados chalecos amarillos (llevan dando la tabarra desde octubre de 2018 y 25 agentes de las fuerzas del orden se han suicidado en lo que llevamos de año por la tensión que les provoca hacer frente a tanta violencia, según la prensa francesa), hay que constatar el fallecimiento en París de la española Laura Sanz, 38 años y madre de tres hijos, que estaba de vacaciones románticas con su marido; de dos bomberos, y una treintena de heridos, dos de ellos también españoles, por la explosión en la panadería Hubert, en la calle Trévise, el 12 de enero.

Tras detectar los vecinos un fuerte olor a gas llamaron a los servicios de emergencia, éstos no mandaron desalojar inmediatamente el edificio y la zona mientras llegaban los primeros auxilios, como hubiese sido lo lógico y disponen los manuales al uso, acudieron los bomberos, se adentraron en la panadería y… ¡oh fatalidad!, se produjo la explosión con el resultado descrito. ¿Hubo negligencia? Nada se ha dicho. Es Francia, ¡la grandeur!

En una semana una docena de iglesias han sido profanadas en distintos puntos de Francia, víctimas del vandalismo anticristiano más palmario: en Notre-Dame des Enfants, en Nimes, unos malvados pintaron una cruz con excrementos humanos, saquearon el altar mayor y el sagrario y robaron las hostias, que fueron descubiertas más tarde entre montones de basura.

En Notre-Dame de Dijon, el altar mayor fue saqueado y las sagradas formas extraídas del tabernáculo, esparcidas por el suelo y pisoteadas; en la iglesia del pueblo de Lavaur, unos jóvenes ebrios retorcieron el brazo de un Cristo hasta colocarlo en una posición que semejaba un gesto obsceno; en la periferia de París, departamento de Yvelines, varias iglesias han padecido degradaciones de diversa importancia; en la capital gala, la Iglesia de Saint-Sulpice, no lejos de la de Saint-Germain-des-Prés, ha sufrido un severo incendio cuya restauración costará varias decenas de millones. La jerarquía religiosa guarda silencio, mira para otro lado y confía en que la autoridad política, policial y judicial haga su trabajo.

Un cometido que, en el caso de esa última, no parece que sea eficaz si tenemos en cuenta que al rapero francés Nick Conrad (35 años), de raza negra, autor del clip audiovisual «Ahorcar a los blancos» («Yo entro en las guardería, mato a los niños blancos, los cojo rápido…haced lo mismo: ahorcar a sus padres») el Tribunal Correccional de París le ha «castigado» con 5.000 euros de multa por propalar tan edificante letra en las redes sociales. ¿Buenismo? ¿Decadencia?

Sigamos con Notre Dame de París. ¿Es comprensible que un Estado que gasta miles de millones de euros en subvenciones de todo tipo (la conocida mamandurria de estos tiempos) para personas físicas y jurídicas, nacionales, internacionales y apátridas, fuera incapaz de aportar 120 millones para la restauración del templo, y sus custodios se viesen obligados a mendigar durante 10 años a mecenas de EE.UU. para financiar unas obras de suma urgencia? ¿No se le cae la cara de vergüenza al Estado francés (y de paso a la Alcaldía de París, que también alegó falta de recursos para rascarse el bolsillo)? Pocos lo han subrayado y ninguno en España. ¿Es otro síntoma de la decadencia de Francia y de nuestro chovinismo?

Y qué decir del incendio que la ha dejado maltrecha. ¿Cómo es posible que no hubiese alarmas eficaces, vigilantes físicos diligentes durante los turnos de trabajo y después; un plan de prevención con un sistema contraincendios robusto que no necesitase de la participación de los bomberos, constreñidos en su quehacer por calles estrechas y ausencia de hidrantes en lugares idóneos? Después de la tragedia muchas palabras grandilocuentes pero huecas, mucha emoción nacional e internacional, muchas donaciones millonarias de particulares, instituciones y gobiernos de todo el mundo, incluido el rácano de París y el antes ausente del Estado; mucha condecoración y fanfarria de Emmanuel Macron en el Palacio del Eliseo.

Pero todo a toro pasado y de cara al futuro. Ni una frase más alta que otra, ni una crítica, ni un pero por una tragedia evitable en un edificio que es memoria cristiana de Europa, miembro destacado de la docena de grandes construcciones religiosas que jalonan nuestro Continente y símbolo de nuestras comunes raíces culturales y espirituales. Tout bien, chers mesdames et messieurs. ¡Oh la la!

JORGE DEL CORRAL

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