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Homenajes oficiales para quien no respeta el Código de Circulación y de paso se lleva con él al cementerio a algún otro

Homenajes oficiales para quien no respeta el Código de Circulación y de paso se lleva con él al cementerio a algún otro
José Antonio Reyes

La indignidad de la mayoría de las autoridades, su miedo a los exaltados, reales o virtuales, y su afán de protagonismo han convertido a los ayuntamientos en máquinas expendedoras de días de luto, en desaforados participantes en una truculenta competición para ganar el Guinness a quien más jornadas de duelo declara por la muerte accidental de un vecino.

No importa que el finado lo haya sido por conducir a más de 200 kilómetros por hora en un lugar limitado a 80, y que de paso se haya llevado al cementerio a uno o más incautos, generalmente jóvenes, que le acompañaban en el viaje (a la eternidad) o que pasaban por ahí en ese momento.

Tampoco es significativo que los protagonistas volviesen de una noche de parranda antes de pasar al mundo de los muertos, y que el Código de Circulación fuera para ellos papel mojado y cosa de pringaos, no de guais con caballos de potencia bajo el pie como para arrastrar el Queen Mary.

Todos los fiambres «eran chicos maravillosos», «lo mejor del pueblo». «Qué quiere que le diga: como pasa siempre, se nos van los mejores».

«De una familia estupenda y muy conocida en el pueblo. Siempre sonrientes, siempre dispuestos a hacerte un favor y echarte una mano.Unas personas excelentes. Les vamos a echar mucho de menos».

«Chavales molones». Y entre el enjambre de alcachofas de radio y televisión contribuyendo al aquelarre y al botafumeiro, rellenando horas de emisión y alcanzando puntos de share para convertirlos en ingresos publicitarios (lo que ahora llaman monetizar), caras compungidas y ojos llorosos (¡que bien llorean!) de todos esos miembros del rebaño que con tal de salir en televisión son capaces de pasarse antes por sastrería y maquillaje para dar bien en cámara.

Desconocidos o famosos, don nadies o importantes, que más da. Lo conveniente es ir, estar y desfilar por la alfombra roja. Y las corporaciones, con su alcalde al frente y situados por orden jerárquico en las socorridas escaleras (deberían ser obligatorias en los ayuntamientos para facilitar la colocación a fotógrafos y camarógrafos), pronunciando frases de marqueting que han memorizado tras consultar antes en Google, guardando eternos minutos de silencio y poniendo fin al ritual con aplausos a lo Mao Zedong que ni se sabe por qué ni para qué, aunque se intuye para quién. Pero quedan muy bien y es lo que manda el protocolo de condenas y duelos.

Y si los muertos estudiaban en colegios o institutos, nuevos minutos de silencio con todos en el patio, incluidos profesores, y «un equipo de sicólogos para acompañar a sus amigos y ayudarles a superar el trauma porque están en choc».

Si eres Premio Nobel y te mueres de viejo o enfermedad incurable, es posible que tu ciudad te recuerde con una linea en el Acta de un pleno ordinario. Pero si te matas en accidente de tráfico por ir como un loco, te espera el reglamento: pleno extraordinario, varios dias de luto, banderas a media asta, minutos de silencio con los electos de rostros cariacontecidos alineados en los escalones y frente a una nube de cámaras, velatorios interminables para que nadie se quede sin desfilar ante el féretro, funeral oficial y si las redes sociales aprietan, incorporación al callejero y estatua en piedra con leyenda épica.

¡Cómo no van a aumentar los accidentes de tráfico por exceso de velocidad si además de pasar al lado oscuro de la fuerza te hacen homenajes y tienes horas de gloria! «Tronco, joder, esto mola más que tener una vida chunga».

Pues ánimo, alcaldes, a seguir con el ritual que da réditos, otorga la gloria a quien infringe la ley y deja como parias a quienes cumplen la norma y se esfuerzan por mejorar. Pere Navarro i Morera debe estar encantado.

JORGE DEL CORRAL

Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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