Análisis

Manuel del Rosal: «¿Qué hay de lo mío?»

Manuel del Rosal: "¿Qué hay de lo mío?"
Congreso de los Diputados

«Esa será la frase más repetida durante los próximos cuatro años en los pasillos y despachos del Congreso, del Senado, de las comunidades y de los ayuntamientos que jalonan nuestra piel de toro»

¡¿Qué hay de lo mío?! Retumbarán estas palabras en las paredes del Congreso, del Senado, de las sedes del gobierno de las comunidades y de todas y cada uno de los ayuntamientos de España. ¡¿Qué pasa con lo que acordamos para darte mi apoyo a tu gobierno?! – No me toques mucho los bemoles que te hago caer al retírate mi apoyo – Afloja lo que acordamos y no marees más la perdiz si no quieres que se repitan elecciones – Estas frases, al retumbar en las paredes de pasillos y despachos, se multiplicaran en un eco de ida y vuelta mientras los ciudadanos, ajenos a ellas y ajenos a lo que se cuece para mantenerse en el poder, esperarán a que los políticos que votaron mejoren su vida cotidiana en España, en las comunidades y en los pueblos de toda nuestra geografía. Una espera que, en muchísimos casos, se extenderá a los cuatro años de la legislatura durante los cuales los políticos tan solo tuvieron tiempo de repetir ¡¿qué hay de lo mío?! y de hacer uso de sus privilegios.

¡¿Qué hay de lo nuestro?! Deberíamos gritar los ciudadanos. De las promesas de mejora de nuestras vidas. De la pobreza infantil. De la pobreza energética. De la falta de oportunidades a los jóvenes para emanciparse. Del derecho a una vivienda digna que no nos hipoteque de por vida. De la eliminación de la desigualdad. Del injusto reparto de la riqueza. De trabajos dignos y en horarios razonables. De sueldos que nos permitan salir de la pobreza. De una Sanidad que no permita que una persona tenga que esperar años para ser operada. De una ley laboral que elimine la necesidad de subsidios y nos proporciones trabajo que es lo que dignifica a la persona… así ad infinitum.

Es vergonzoso e indecente que los políticos se vayan a sentar a negociar teniendo ante ellos la tarta del poder central, del poder en las autonomías y del poder en los ayuntamientos poniendo sobre la mesa donde descansa esa tarta apetitosa de poder con nata y fresas, los intereses de sus partidos y los suyos propios con la frase ¡¿Qué hay de lo mío?! olvidando – si es que alguna vez los tuvieron en mente – las necesidades de España y los españoles.

¡¿Qué hay de lo nuestro?! Gritamos los ciudadanos hartos de ser el instrumento del que se valen los políticos, la sustancia donde encuentran la materia para acceder al poder que, una vez conseguido, borra de sus mentes aquello que prometieron a unos ciudadanos que – desgraciadamente – aún no se han dado cuenta que, para los políticos, no somos nada más que el portador del voto que cada cuatro años puede darles el poder: Al grito de ¡¿Qué hay de lo nuestro, señores políticos?! un silencio ensordecedor responde por boca de los políticos.

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