Que dejen hacer al Rey su trabajo

¿Por qué no encargar la formación de Gobierno a Felipe González?

¿Por qué no encargar la formación de Gobierno a Felipe González?
Felipe González. PD

Ahora que Pedro Sánchez ha fracasado en las dos votaciones reglamentarias el encargo real de formar Gobierno, la palabra ha vuelto a S.M. el Rey, por mucho que algunas ministras (“Montero asegura que Sánchez llamará a los partidos “en los próximos días””) y la prensa afín, además de esa otra ignorante, se empeñen en propalar que Sánchez tiene “las vacaciones de verano” para buscar apoyos.

No, a Sánchez ya no le corresponde la iniciativa, como no le incumbió cuando, sin ser el ganador de las elecciones, naufragó por primera vez en la XII Legislatura y el Rey encomendó la tarea a Mariano Rajoy, quien lo logró el 29 de octubre de 2016, gracias al voto favorable de Partido Popular, Ciudadanos, Coalición Canaria, Foro Asturias y Unión del Pueblo Navarro, y la abstención responsable y patriótica de la mayoría de los diputados del Partido Socialista Obrero Español.

El artículo 99 de la Constitución, encuadrado en el Título IV (Del Gobierno y de la Administración), es claro:

  • 1. Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.
  • 2. El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.
  • 3. Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple.
  • 4. Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores.
  • 5. Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.

Tras la decepción de Sánchez y la visita de rigor de la Presidente del Congreso, la dúctil sanchista Maritxet Batet, para informar al Rey del fiasco de la investidura, Zarzuela emitió un escueto y explícito comunicado que decía: “Su Majestad ha comunicado a la Señora Presidenta del Congreso su decisión de no iniciar, por el momento, nuevas consultas con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, de manera que las formaciones políticas puedan llevar a cabo las actuaciones que consideren convenientes a los efectos de lo previsto en el artículo 99 de la Constitución”.

De todos los presidentes del Gobierno de nuestra actual democracia, Adolfo Suarez y Felipe González son, sin ningún género de dudas, los más añorados. El primero falleció el 23 de marzo de 2014 y el segundo goza de buena salud, prestigio creciente y auctoritas reconocida, incluso entre los militantes del PSOE. En el actual bloqueo parlamentario y tras el nuevo desencuentro de las dos almas históricas de la izquierda española en el Gobierno de España, después de la escisión de 1921 (Pablo Iglesias (el de verdad)-Pasionaria, como ha escrito Ignacio Varela), con los herederos de Maciá, Companys y Julen Madariaga, corresponde un nuevo encargo de Felipe VI antes de que avoquemos a otros comicios en otoño.

Ninguno de los jefes de fila de los grupos parlamentarios del Congreso reúne los atributos y apoyos necesarios para formar un gabinete estable que defienda los intereses del país, aporte centralidad y resuelva los problemas de los ciudadanos. Su carencia de sentido de Estado y los odios africanos que se profesan entre ellos les abocan al fracaso y al hastío del votante, que, instalado en el pesimismo antipolítico, ni quiere seguir participando en el aquelarre ni volver a las urnas.

Para ser candidato a la presidencia del Gobierno, según  el artículo 11 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, se requiere ser español, mayor de edad, disfrutar de los derechos de sufragio activo y pasivo, así como no estar inhabilitado para ejercer empleo o cargo público por sentencia judicial firme.  En definitiva, que no es necesario ser diputado.

Felipe González cumple estos requisitos, es miembro del partido ganador de las elecciones y pocos se opondrían a su elección, que a buen seguro sería con abrumadora mayoría de síes, entre otros los del PSOE, PP, Ciudadanos, Vox, Coalición Canaria, Navarra Suma y Partido Regionalista de Cantabria.

En Italia, país al que cada vez nos parecemos más en la clase política, composición de las Cámaras y gestión de la cosa pública, el Jefe del Estado no se anda con chiquitas y cuando un ganador en minoría es incapaz de ponerse de acuerdo con otros para alcanzar la mayoría, el Presidente de la República corta de raíz el nudo gordiano, nombra a una personalidad de prestigio y ésta obtiene pronto los apoyos y gobierna con un programa político que es la síntesis de los mayoritarios y que denominan Gobierno técnico de transición. Romano Prodi y Mario Monti fueron dos buenos ejemplos y formidables condotieros del país transalpino en la tarea encomendada.

En España, carente aún de cultura política y huérfana de una nueva hornada de políticos estadistas, respetuosos con las leyes y la Constitución y capaces de renunciar a sus intereses personales y partidistas para alzarse por encima de ellos y cabalgar los generales del país, el Rey debería recurrir a referentes como Felipe González para sacarnos del atolladero y de paso dar una lección ética y política a los barbilampiños y egoístas que pretenden representarnos. Quizás así aprendiesen, mientras el Rey ganaría enteros y se haría respetar por quienes juegan irresponsablemente a la gallina ciega.

JORGE DEL CORRAL Y DÍEZ DEL CORRAL

Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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