Rafael López Charques

Hagan sus apuestas

Hagan sus apuestas
Los políticos y las caras de la política. PD

Ahora que estamos en período estival, y aprovechando que los padres y las madres de la patria están gozando de sus merecidas vacaciones, aunque hasta el presente la mayoría no la han rascado, nosotros proponemos a los ciudadanos un entretenimiento lúdico, pues también tienen derecho a disfrutar.

Se nos ocurre que se podría promover una nueva lotería a nivel estatal, y el o los que ganasen tendrían como premio el ser nombrados “asesores parlamentarios” (con sueldo, claro está). Si hubiese varios ganadores, entre ellos se podría sortear un premio adicional, el puesto de director del CIS, con la seguridad de que sus pronósticos serían más acertados que los actuales, sin la necesidad de gastarse el pastizal de millones que nos cuesta actualmente.

El fin del juego sería acertar con lo que va a pasar en septiembre. Las posibilidades son múltiples, por lo que la cosa no es tan sencilla.

¿Qué puede ocurrir el próximo mes? Sinceramente creemos que cualquier cosa, por lo que no aventuraremos ninguna opinión. Lo que si nos atrevemos a decir es que independientemente del final al que se llegue, quien si saldrá perdiendo será el país. ¿Razón? La clase política está ante todo a los suyo, y así no vamos a ninguna parte. Haciendo un símil y pidiendo disculpas de antemano, pues no pretendemos ofender, podemos decir que son como un mismo perro con distintos collares.

Puede haber un gobierno socialista en minoría, con solo apoyos puntuales para sacar adelante leyes. Esta opción posiblemente les guste a los primeros, pero el caso es que por esos apoyos tendrían que pagar un elevado coste, que al final repercutiría en el ciudadano.

También hay la posibilidad de un cogobierno, gobierno de coalición, de cooperación, o llámenle como quieran, entre socialistas y morados, con el visto bueno de los herederos de los etarras o los catalanistas. En este caso creemos que se desembocaría, más temprano que tarde, en dos gobiernos que tan solo se reunirían, y eso cara a la galería, para sacarse las fotos, en las sesiones del consejo de ministros. Es más, muy posiblemente acabaría habiendo un gobierno principal, que aunque minoritario mandase, y otro secundario o subalterno que obedeciese y llevase los palos.

Otra opción sería que los socialistas lograsen el voto favorable de todos los restantes partidos independentistas, regionalistas, etc., y la abstención de los morados. Parece un tanto aventurada, pues muchos tendrían que dar muchas explicaciones, que serían difíciles de tragar, aunque el que los electores entiendan suele traerles sin cuidado.

Igualmente consideramos impensable una alianza entre los rojos, azules y naranjas. Esto, que en otros países ha funcionado en ocasiones, en el nuestro sería como pedir peras al olmo. Los primeros no lo aceptarían, no por convicción, pues su líder con tal de figurar es capaz de aliarse con dios, con el diablo, o con los dos al mismo tiempo, sino porque lo considerarían una humillación que indudablemente el interino no soportaría. Los segundos temerían que se viese como una rendición ante el enemigo, y no parece que estén dispuestos a dar esa impresión.

En estas circunstancias, la posibilidad de repetir las elecciones hay que considerarla seriamente.

Ahora la pregunta del millón, ¿qué es mejor para el país?, o siendo más realistas, ¿qué es menos malo? Es difícil de contestar. Seguramente, una vez resuelta la situación, los que hayan acertado, si los hay, dirán muy ufanos que ellos ya lo predijeron. Nosotros desde aquí les decimos que no se vanaglorien, que acertaron por casualidad, pues tal como está la situación, puede realmente ocurrir cualquier cosa.

Lo expuesto es lo que nos ha impulsado a nuestra propuesta, que aprovechando las circunstancias los ciudadanos puedan sacar algo en limpio, que también tienen derecho. No solo va a ser que en vacaciones los diputados de fuera de la capital sigan cobrando la dieta mensual por tal circunstancia.

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