Rafael López Charques

Sociedad deshumanizada

Sociedad deshumanizada

Dado que nuestros incansables políticos están disfrutando de sus merecidas vacaciones, tienen derecho a ellas, pues no son menos que cualquier otra persona que trabaja en este país, vamos a dejarlos tranquilos, que se relajen, para que así cuando se reincorporen a “su trabajo”, laboren incansablemente para solucionarnos nuestros problemas, dejando a un lado sus intereses particulares, como nos prometen continuamente.

Hoy vamos a ocuparnos un poco de la sociedad en que vivimos, que indudablemente en los últimos años se está transformando a un ritmo acelerado, y ciertamente no sabemos a dónde vamos a llegar.

Teóricamente, la sociedad evoluciona para mejor, pero ¿es eso cierto?

Lo primero que observamos es el creciente aislamiento de la persona, paralelo con la desaparición del entramado social. Cada vez vive más encerrada en sí misma, poco trato familiar, escasas amistades, la comunicación personal se suple con contactos a través de las redes sociales, etc. Hemos llegado a un punto en que se puede vivir sin salir de casa y sin contactar físicamente con otra persona.

Por internet se puede trabajar, comprar la comida, la vestimenta, ver películas y espectáculos, se tiene acceso a libros, a la prensa, se pueden hacer todos los trámites que se necesiten, etc. ¿Qué más queremos?

Antes en los sitios pequeños había la costumbre de que si llegaba un forastero, se le abrían las puertas de la casa, se le invitaba a descansar y a comer. Hoy en día ese hospitalidad tan solo puede encontrarse en aldeas muy pequeñas.

En un tiempo los vecinos de una casa se conocían. Hoy en día lo normal es que no se sepa quien vive arriba o abajo.

Aún recordamos cuando en calles, que de aquellas estaban tirando a las afueras de la ciudad, la gente, cuando salía, no solo no cerraba con llave la puerta exterior, sino que la dejaba abierta y quien pasaba por delante veía todo el pasillo, y no ocurría nada.

Las familias se ocupaban de sus mayores. Ahora se les mete en residencias, porque aunque puedan atenderlos, prefieren pagar y no tener ataduras.

¿Qué nos dicen de la educación de los niños? Antes se realizaba en casa, y se dejaba a la escuela la tarea de instruirlos en las diversas materias. En la actualidad, la mayoría de la gente también delega en la misma la labor de educarlos. Es más cómodo estar viendo la televisión y no pendiente del hijo.

Esto no es tan nuevo. Hace más de treinta años, Narciso Ibáñez Serrador le contestaba en un periódico, a un padre que se quejó de que la serie “Historias para no dormir” causaba que su hijo de diez años pasase la noche con pesadillas. Poco más o menos le dijo, en primer lugar hay más cadenas, en segundo lugar un niño de esa edad, a la hora que se pone la serie, debe estar durmiendo. Totalmente de acuerdo.

La responsabilidad de la evidente deshumanización de la sociedad es de la clase política en general, a la que indudablemente le conviene que la persona esté aislada, que tan solo se tenga a sí misma. En estas circunstancias es más fácil que obedezca a lo que le dicen desde arriba, porque el Estado le da todo hecho, no tiene que recurrir a nadie.

Esta realidad nos lleva a pensar que la filosofía del anarcoindividualismo, que pregona la libertad negativa, oponiéndose al control de las personas, tanto por parte del estado como de la sociedad, tenga bastante razón.

El control de los individuos, sea por quien sea, solo conduce a la mencionada deshumanización; nadie necesita de nadie; yo vivo conmigo mismo, y el resto que se apañe. ¿Es un buen modelo a seguir? Creemos que no.

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