ROSA DÍEZ

Rosa Díez: «Faltan mascarillas sanitarias y sobran máscaras políticas, señor Sánchez»

Esta columna aparece en el diario 'Expansión' y la reproducimos por el indudable interés que la personalidad de su autora y su análisis tiene para millones de españoles

Rosa Díez: "Faltan mascarillas sanitarias y sobran máscaras políticas, señor Sánchez"
Rosa Díez. PD

En España faltan mascarillas sanitarias y sobran máscaras políticas. Proveernos de las primeras y librarnos de las segundas son actos de legítima defensa.

La emergencia que sufrimos no es consecuencia de una catástrofe imprevisible e inevitable.

Recordemos algunos hechos que explican por qué el virus Covid-19 que ataca en todo el mundo ha encontrado en la ineptitud e irresponsabilidad de Sánchez el mejor caldo de cultivo para propagarse en España con tanta crudeza.

El Ministerio de Sanidad hizo público en los primeros días de febrero este comunicado: «El Comité de emergencias del Reglamento Sanitario Internacional (RSI, 2005) ha declarado el actual brote de nuevo coronavirus como una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII) en su reunión del 30 de enero».

El Gobierno no tomó ninguna decisión al respecto.

En la noche del 31 de enero, el Centro Nacional de Microbiología confirmaba que en España se había producido el primer caso de infección por coronavirus en la isla de La Gomera.

Ese mismo día, Fernando Simón, el responsable encargado por Sánchez de dirigir esta emergencia, declaró: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». Y el Gobierno no hizo nada.

  • El 23 de febrero, Simón dijo: «En España, ni hay virus ni se está transmitiendo la enfermedad».
  • El 26 de Febrero, la cuenta oficial en Twitter del Ministerio de Sanidad publicó la siguiente entrada: «Al llegar de una zona de riesgo puedes hacer vida normal. Si tras 14 días no tienes ningún síntoma, no es necesario tomar medidas».
  • El 28 de febrero afirmó Simón: «No es necesario cambiar de escenario, la contención está funcionando».
  • El 2 de marzo, la Moncloa barajó elevar la alerta sanitaria seis días antes del 8-M, pero lo descartó. Y los dos días previos al 8-M, Sanidad no publicó datos.
  • El 4 de marzo, Simón dijo: «La opción de cerrar colegios no reduciría sino aumentaría el riesgo».

Durante una etapa crítica, el Gobierno de Sánchez minimizó el riesgo, no actuó de forma preventiva y ocultó los datos a pesar de las crecientes advertencias de la OMS de huir de las aglomeraciones. Y todo el Gobierno animó a millones de españoles a salir a la calle a celebrar el 8-M.

El día 9 por la mañana, el ministro de Sanidad declaró en Cadena COPE que no era necesario tomar ninguna medida nueva; y por la tarde apoyó la decisión de la Comunidad de Madrid de cerrar los colegios.

El 12 de marzo, Sánchez rechazó las insinuaciones de que las autoridades españolas habían subestimado la amenaza sanitaria. Al día siguiente, declaró el estado de alarma.

Con el estado de alarma ya declarado, el ministro Pedro Duque compareció ante los medios de comunicación e informó de que los investigadores empezaron a trabajar desde que se conoció la enfermedad, «en enero». Y que el 2 de febrero «ya liberamos medios e iniciamos cambios legales para reducir plazos culminados en el Real Decreto del Estado de Alarma en el que hemos puesto todas las medidas en funcionamiento».

O sea, que desde el 2 de febrero el Gobierno sabía que era imprescindible ir comprando materiales, mascarillas, material para hacer test…, que había que iniciar la prevención a gran escala, que había que dotar al sistema sanitario de todos los medios materiales y humanos para evitar la rápida propagación del virus y el colapso del sistema. Y no hicieron nada.

Imprevisión irresponsable

Cuando escribo este artículo, han pasado nueve días desde que Sánchez decidió declarar el Estado de Alarma. Nueve días en los que las noticias son cada vez más duras, más dolorosas, más preocupantes. Nueve días en los que se ha puesto de manifiesto que la imprevisión irresponsable del Gobierno ha traído como consecuencia enfermedad, dolor y muerte a muchos hogares españoles.

Han pasado nueve días y no dejan de llegar voces angustiadas pidiendo material sanitario para prevenir el contagio, para tratar a los pacientes que necesitan respiradores, UCI, camas… Han pasado nueve días y buena parte de las mascarillas y el resto de material sanitario imprescindible sigue llegando a España a través de ayuda internacional, a través de empresas privadas que fletan aviones, a través de fundaciones extranjeras…

Tras al menos mes y medio de inacción dolosa, el Gobierno de Sánchez se muestra «perplejo» ante la evolución de la pandemia en países como Alemania, en el que la infección comenzó a extenderse antes que en España pero cuyo número de muertos es 20 veces inferior al nuestro.

Son incapaces de reconocer que «el milagro alemán» reside en que su gobierno empezó a ocuparse del problema el 6 de enero y que, mientras aquí le quitaban importancia a la pandemia ya declarada por la OMS, el Gobierno alemán dio instrucciones para que se tomaran muestras a un ritmo de 16.000 al día, con lo que pudieron prevenir la extensión sin necesidad de encerrar a nadie en casa de ni de colapsar sus centros de salud.

Mientras el Gobierno de España no tomaba decisiones y las comunidades autónomas se iban anticipando, el Gobierno de Alemania tomó medidas para toda la sanidad alemana, protocolos, material, etc. El milagro alemán es que allí tienen un gobierno y aquí tenemos un gabinete de comunicación y propaganda.

Los nueve días de estado de alarma han culminado con una arenga chavista de Sánchez, atribuyéndose méritos y actuaciones que la historia desmiente y en la que no dedicó ni un solo minuto a la autocrítica ni tuvo la decencia de pedir perdón. En España faltan mascarillas y sobran máscaras.

Hay que quitarle la máscara al impostor que preside el Gobierno de España para que todo el mundo vea hasta qué punto es responsable por no haber anticipado la compra de material sanitario cuando su suministro era ágil y estaba garantizado; hay que quitarle la máscara para que todo el mundo vea hasta qué punto su ineptitud y su soberbia nos han llevado hasta aquí.

Quitarle la máscara a Sánchez es de justicia y es, además, una medida absolutamente necesaria para evitar el contagio, para que tras él no lleguen otros que actúen de manera similar y hagan sufrir innecesariamente a nuestros hijos o nietos.

Las mascarillas sirven para evitar el contagio, no para esconderse tras ellas. Así que pongamos todas las mascarillas profilácticas a disposición todo el personal que las necesita; y quitemos las máscaras a este Gobierno. Que se vea lo que son y lo que nos han hecho para que ni ellos ni sus herederos puedan seguir haciéndolo impunemente.

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