JOSÉ RAMÓN GARCÍA / DEL TORO AL INFINITO

José Ramón García García: «La desescalada y otros errores lingüisticos»

La Real Academia de la Lengua apuesta, en su lugar, por otros términos, más apropiados, y es a ella a la que corresponde  "limpiar, fijar y dar esplendor" y en este caso sugiere “evitar los calcos del uso del inglés”, que nos ha llevado a implementar el término “escalada” imitando el “to escalate“, y a cuyo retraimiento llamamos “desescalada”. Aboga la RAE en su lugar por la utilización de “reducir, disminuir o rebajar”

José Ramón García García: "La desescalada y otros errores lingüisticos"
Teclado de la máquina de escribir. PD

DESESCALADA es el nuevo palabro, “palabra mal dicha o estrambótica” (como dice el Diccionario de la RAE), inventado por nuestros políticos con tal de dulcificar la forma en que vamos a salir de este auténtico arresto domiciliario que padecemos, pues no otra cosa es el famoso confinamiento decretado por el estado de alarma.

La Real Academia de la Lengua apuesta, en su lugar, por otros términos, más apropiados, y es a ella a la que corresponde  «limpiar, fijar y dar esplendor» y en este caso sugiere “evitar los calcos del uso del inglés”, que nos ha llevado a implementar el término “escalada” imitando el “to escalate“, y a cuyo retraimiento llamamos “desescalada”. Aboga la RAE en su lugar por la utilización de “reducir, disminuir o rebajar”.

No voy a ser yo quien discuta los consejos de la Real Academia, pero lo cierto y verdad es que  dada la riqueza lingüística del castellano, podemos encontrar otras palabras  más apropiadas para describir con más precisión  una situación como esta. Así tenemos el sustantivo “desencierro”, término profundamente nuestro, de honda raigambre, sin raíces anglosajonas, al que además se le  puede añadir el adjetivo  “progresivo”, y ya se describiría de forma perfecta lo que se pretende hacer por parte del gobierno.

“Desencierro progresivo” podría ser el término adecuado, pero al parecer  no resulta políticamente correcto, a pesar de no tener ninguna connotación peyorativa ni malsonante, y describir con total exactitud lo que va a suceder  en las próximas fases.

Efectivamente, si analizamos los términos tal y como la propia Real Academia los define, tenemos:

  • Desencerrar, “sacar del encierro, franquear la salida a lo que estaba encerrado”
  • Progresivo, “que avanza o aumenta gradualmente”

Desencierro progresivo coincide  exactamente con las polémicas fases acordadas por el gobierno, que por cierto van a ser 4 fases pero incomprensiblemente la 1ª fase la denominan 0, la 2ª  la denominan 1 , la 3ª  la denominan 2, y la 4ª  la denominan 3, un dechado de perfección lingüística y precisión matemática. Pero claro, políticamente funciona: al final parecen 3 y por tanto menos tiempo, menos “alarma”.

Ciertamente resulta muy criticable la desmedida afición de los políticos al uso abusivo de eufemismos, que no son  otra cosa que emplear palabras blandas para situaciones duras, creyendo que con eso se diluye y dulcifica la triste realidad de lo que está sucediendo. Esta utilización de eufemismos no es algo que haya surgido ahora, ya a comienzos del siglo XX cuando las famosas purgas y deportaciones rusas que se iniciaron en 1920, y que dieron  lugar a auténticos asesinatos políticos, las palabras que emplearon las fuerzas gubernamentales para aludir a ellas fue “recorte de los derechos de la oposición política”.

Esta degradación de la lengua se ha acentuado de manera alarmarte en los últimos años, y no solo en la política. Recuerdo que hace ya unos 20 años tuve que acudir a una diligencia de reconocimiento en rueda  en uno de los Juzgados de Plaza Castilla. Habían citado a varios porteros  de una conocida discoteca donde se había producido un gravísimo apuñalamiento de un cliente, perpetrado por uno de los porteros o miembros de seguridad de la misma. La víctima, una vez que salió del hospital y le tomó declaración la policía, había descrito al agresor como “una persona alta, corpulenta de pelo rubio y tez blanca, natural de países del este”. El cliente al que yo defendía, al que conocía desde que empecé a ejercer (cuando tenía el despacho en la Plaza de los Mostenses de Madrid) por ser portero de una conocida pizzería italiana aledaña a mi despacho, era bajo, de raza negra, y natural del  Congo. Dadas las evidentes discrepancias físicas existentes, pasé a hablar con la Juez, le expliqué la situación, y le propuse que hiciera una comparecencia mi cliente en su despacho, donde se le tomara declaración y se hiciera constar en la misma que “siendo el compareciente de raza negra, se acordaba la suspensión de la rueda de reconocimiento por ser totalmente innecesaria a la vista de las diferentes características físicas del agresor y del compareciente”. La Juez dijo que le parecía  todo bien pero que en vez de poner de “raza negra” era más correcto sustituirlo por “persona de color.” Ante esa manifestación fue el propio Aurelio, que así se llamaba mi cliente, el que le dijo a su Señoría :

“ Señora Juez, ponga usted que soy negro, a mí no me ofende que lo ponga porque es la verdad, y además los de color son los dominicanos y cubanos, yo soy negro.”
Con anterioridad a esta anécdota ya  comenzó ese error gramatical de utilizar el masculino y femenino que actualmente está tan en boga en ciertos sectores políticos de nuestro país. Así en el año 1997, fue la diputada socialista  Carmen Romero, esposa del expresidente Felipe González, y profesora de Instituto de la asignatura de Lengua, la que en un mitin político, empleó el término “jóvenes y jóvenas” causando la hilaridad en medios periodísticos.

Más tarde, en el año 2005, fue el entonces  lehendakari Ibarretxe  el que ante la negativa del presidente Zapatero  de aprobar su famoso plan, aludió a que si no se aprobaba su proyecto consultaría a los “vascos y vascas”.

Posteriormente, en el año 2008, fue la entonces Ministra de Igualdad Bibiana Aído la que,  en su primera comparecencia en la Comisión de Igualdad  en el Congreso de los Diputados, empleó la expresión “miembros y miembras” reconociendo al día siguiente en los desayunos de TVE  que todo se debió “a un lapsus provocado por su reciente visita a una cumbre sudamericana donde se utiliza una terminología similar”, pero tuvo el atrevimiento de proponer la inclusión de ese estrambótico femenino en el diccionario.

En fecha más reciente, 2015, fue el entonces Secretario General del PSOE Pedro Sánchez el que provocó el alboroto en la bancada popular del congreso de los diputados, cuando empleó la expresión “miembros y miembras” al solicitar la comparecencia del Presidente del Gobierno por la financiación irregular del PP, aclarando después que se trataba de una simple broma,  y pidió a los diputados del PP que tuvieran “un poquito de gracia”.
Poco después de esta intervención de Sánchez, el director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, advirtió sobre las consecuencias del uso de términos como “miembra”, que calificó de “peligrosísimo” por repercutir negativamente en el uso de la lengua. ”El lenguaje es un ecosistema y si lo alteramos repercute en todo el equilibrio general”, explicó Villanueva en una entrevista en RNE recogida después en la prensa escrita. En su opinión, si «se llama miembros a los hombres y miembras a las mujeres, habrá que empezar a llamar miembros a los brazos y miembras a las piernas».

Irene Montero es la última en dar patadas a la gramática desdoblando, como Carmen Romero, una palabra que no tiene diferenciación genérica, cuando  en febrero de 2018, en el Congreso de los Diputados como portavoz parlamentaria de Unidas Podemos (todavía no había llegado a Ministra), anunciaba que al día siguiente su formación contaría  en un acto con “portavoces y portavozas” del partido. En las redes sociales llovieron las críticas y hasta la RAE se pronunció para reafirmar  el uso del término portavoz tanto para nombrar a hombres como a mujeres al ser el “sustantivo portavoz” común en cuanto al género, incluyendo tanto el masculino como el femenino, añadiendo la Institución que “el género gramatical se evidencia, en esos casos, a través de los determinantes y adjetivos: el portavoz español/la portavoz española». Explicación muy sencilla de comprender pero  muy difícil de aceptar por algunos sectores políticos. También podía haber explicado que portavoz es una palabra compuesta (porta-voz), y que el sustantivo voz es ya femenino: la voz, siendo totalmente absurdo “inventar” voza.

A pesar del error de usar un lenguaje supuestamente feminista, cuando no procedía, la dirigente de Podemos se permitió criticar a la Academia diciendo que “[La RAE] tiene mucho que hacer para defender la igualdad”, y añadiendo que “a veces desdoblando el lenguaje, aunque no suene muy correcto, se puede avanzar en la igualdad”.

A propósito de estas declaraciones hay que recordar que Podemos y Compromís registraron en 2016 sendas proposiciones no de ley en el Congreso de los Diputados con el objetivo de cambiar el nombre de la Cámara baja, por considerarlo sexista, si bien no se atrevieron a proponer que se llamara “Congreso de los Diputados y Diputadas”, limitándose a dejarlo  simplemente en “Congreso “.

En la actualidad el uso abusivo por parte de ciertos políticos del desdoblamiento del masculino y el femenino, aunque sea de palabras que admitan gramaticalmente dicho desdoblamiento resulta sumamente cansino y hasta ridículo. Para Ignacio Bosque, miembro de la RAE, el desdoblamiento es un artificio que distancia aún más el lenguaje de los políticos del lenguaje común. «Si uno habla del nivel de vida de los españoles, es absurdo añadir de las españolas”. “Suena incluso ridículo», apunta. «Si yo le pregunto a alguien cómo están sus hijos se entiende que también le pregunto por sus hijas. No creo que sea discriminatorio». El lingüista sostiene que incluso los políticos son conscientes de que la doble forma es artificial: «Cuando no tienen delante un micrófono hablan como todo el mundo», añadiendo que «La Academia refleja el uso que los hablantes hacen del idioma, no el que los políticos dicen que debe hacerse. Y es evidente que en la lengua común el desdoblamiento, por ejemplo, no se usa porque no hace ninguna falta».

A ello habrá que añadir que en el último informe  de la RAE  sobre el lenguaje inclusivo, y cuestiones conexas claramente recoge en su apartado 8.3.3.6 que “La  irrupción de los desdoblamientos de género y otras sustituciones propuestas para evitar el masculino genérico no constituyen la piedra filosofal que pueda resolver el sexismo arraigado en nuestra la sociedad. Existen lenguas indígenas de América y de África en las que el término genérico es el femenino y la situación social de la mujer no es por ello mejor. Las raíces del sexismo se hallan en la ideología y su remedio es la educación. El genérico no es la causa, no es la raíz de la discriminación, ni siquiera su reflejo”.

Recogiéndose también en dicho informe las contestaciones que vía twitter ha ido dando la Academia sobre consultas realizadas, entre las que constan  las siguientes:

  • #RAEconsultas Los desdoblamientos no son gramaticalmente incorrectos, pero sí innecesarios (salvo que la doble mención sea informativamente relevante), pues el masculino gramatical con valor genérico incluye en la referencia a seres de ambos sexos.
  • #RAEconsultas El desdoblamiento indiscriminado, muy en boga en el lenguaje político y administrativo, no es en la mayoría de los casos incorrecto, pero sí innecesario; anula, además, el valor semántico de los desdoblamientos cuando sí es relevante citar ambos géneros.
  • https://twitter.com/RAEinforma/status/1068506639597228035 #RAEconsultas Salvo que la mención de ambos géneros sea un factor relevante en el mensaje («Los trabajadores y las trabajadoras no compartirán vestuarios»), esos desdoblamientos son innecesarios, ya que el masculino gramatical engloba en la referencia a hombres y mujeres.

Sobre este particular hay una genial parodia de José Mota, que seguro que mucha gente ha visto, pero os facilito el enlace y el título de la misma para que  podáis encontrarla en youtube.  Yo cuando la vi pensé que cortaría de raíz la estulticia política del desdoblamiento lingüístico, pero la verdad es que no ha sido así, porque con razón se dice que  la ignorancia es muy atrevida:

Para finalizar os dejo un interrogante, y vosotros mismos sacad la conclusión. ¿Cómo es posible que con esta pandemia haya desaparecido del lenguaje de ciertos políticos el desdoblamiento habitual de los femeninos para las palabras “muerto, fallecido, contagiado, infectado y hospitalizado?. ¿Alguien puede explicármelo? ¿Puede ser que en un tema tan serio como este no sea conveniente  tan innecesario  y superfluo uso?

Algo es seguro: en todos los casos aquí expuestos, y en muchos otros más, el forzamiento lingüístico sin pudor gramatical no es gratuito, no es inocente. Y lo peor es que la supuesta corrección política de matiz supuestamente feminista es contagiosa. Deberíamos confinarla, siguiendo las orientaciones de los técnicos. En todo caso si en un tema tan serio como el de la foto se prescinde del desdoblamiento a lo mejor ha llegado ya el momento de prescindir de tan necio “ignorante y que no sabe lo que podía saber” (según la RAE)  uso en todos los temas.

José Ramón García García

DEL TORO AL INFINITO

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