Si el ministro conservara una mínima parte de la dignidad que demostró como juez, ya habría dimitido

Fernando Grande-Marlaska, alias ‘El Enterrador’, se las traga dobladas

No por convicción, sino para conservar el cargo al que ha cogido -como Iglesias, Montero, Garzón y otros- una afición enfermiza

Fernando Grande-Marlaska, alias 'El Enterrador', se las traga dobladas
Fernando Grande-Marlaska. PD

Se confirma que ‘degenerando, degenerando’ se puede llegar a cualquier sitio en la España de Sánchez.

Incluso a ministro, como subrayábamos en Periodista Digital hace unos días.

Fernando Grande-Marlaska es el ministro del Gobierno socialcomunista que más decepción ha generado en España y ya tiene mérito, a la vista de la cuadrilla que rodea al inepto Pedro Sánchez.

Nos faltan datos para saber si, cuando se mira al espejo cada mañana y lo debe de hacer mucho, a Marlaska le dan arcadas.

Motivos tiene, porque se ha tragado entero el apaño con los proetarras de Bildu, el chalaneo con los golpistas catalanes, el pacto secreto para montar un Ministerio de la Verdad a partir de la Fiscalía y que Dolores Delgado, la titular de esta institución, se burlara de él llamándole ‘maricón’, en una comilona con el excomisario Villarejo, el exjuez Garzón y varios exjefes policiales.

Y ahora, apenas unos días después de prestarse a servir de ‘mayordomo‘ de Pablo Iglesias y su consorte, prohibiendo hasta las banderas españolas en el entorno de su chalet de Galapagar, maniobra histérico en un patético intento de domesticar  a los jueces para proteger a Sánchez de sus letales errores con el coronavirus.

No por convicción, sino para conservar el cargo al que ha cogido -como Iglesias, Montero, Garzón y otros- una afición enfermiza.

Que lo de Marlaska es vicio y se las traga dobladas por simple interés, salta a la vista con repasar su historial.

Accedió a la cartera de Interior precedido de un merecido prestigio en los tribunales, como vocal del CGPJ y como magistrado, incluyo en la lucha contra ETA.

Con la excepción de unos pocos, como su excompañera en la Audiencia Nacional y ahora fiscal general, Dolores Delgado, que hasta se mofaba de su condición sexual, era un tipo elogiado a izquierda y derecha.

Eso como juez, porque como ministro da vergüenza.

Se ha prestado a participar activamente en la persecución de los periodistas críticos, miente más que habla y lo que es peor, aprovecha el estado de alarma para invadir la independencia judicial desde su despacho, aplaudir un acuerdo de su Gobierno con los herederos de los asesinos terroristas e intenta erosionar el prestigio de la Guardia Civil, a la que ofende ahora ofreciendo a los mal pagados agentes una pequeña subida de sueldo, para que se callen y no cumplan con su obligación.

No es Marlaska un izquierdista peligroso, sino un arribista inteligente y sin escrúpulos.

No lo hará, como ninguno de sus compinches en el Ejecutivo de coalición, pero si conservara una mínima parte de la dignidad que demostró en los juzgados, ya habría dimitido.

La fulminación del coronel Pérez de los Cobos por negarse a facilitarle -cumpliendo órdenes judiciales- datos sobre la investigación que la Benemérita realizaba sobre el 8M, en la que el delegado del Gobierno en Madrid aparece como un irresponsable con responsabilidades penales, es un error, una indignidad, un acto antidemocrático y probablemente un delito.

En su papel de ‘monaguillo‘ obediente, Marlaska ha tratado de salvar a José Manuel Franco de una acusación por prevaricación que toca también al ministro Illa y al experto Simón.

Todos, para agradar a Sánchez y apuntarse lo que parecía un claro tanto electoral, ocultaron, ignoraron y eliminaron informes oficiales que alertaban de que las manifestaciones del 8-M eran un peligro letal.

Y ahora, cuando España se acerca a los 30.000 muertos, pretenden desesperados silenciar la investigación y no hacer frente a sus responsabilidades.

Sánchez, cuya ineptitud ha convertido a España en líder funerario mundial y va camino de transformarla en un erial económico plagado de parados y empresas en ruina, intenta seguir durmiendo en La Moncloa, a toda costa, y por eso ha ofrecido al separatismo catalán la cabeza de Pérez de los Cobos, y al PNV y a Bildu, un acercamiento de 300 presos de ETA al País Vasco.

Y todo con la entusiasta colaboración de Fernando Grande-Marlaska, alias ‘El Enterrador‘.

¡Qué vergüenza!

ALFONSO ROJO

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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