"En la neolengua del Gobierno funeral es una palabra tan prohibida como prohibido le estuvo a los españoles ver los ataúdes"

Espada ansía que Felipe VI pronuncie la gran palabra que Sánchez ha hurtado a los muertos del Covid-19

"Hay la oportunidad de que el día 16 de julio de 2020, en la Plaza de la Armería del Palacio Real, pronuncie Felipe VI la palabra perdón"

Espada ansía que Felipe VI pronuncie la gran palabra que Sánchez ha hurtado a los muertos del Covid-19
Arcadi Espada, Felipe VI y Pedro Sánchez.

Tiene más razón que un santo.

Arcadi Espada, en su tribuna de este 25 de junio de 2020 en El Mundo, denuncia lo que muchos españoles indignados han comentado sobre la ceremonia prevista para el 16 de julio de 2020 en Madrid para rendir un justo recuerdo a los fallecidos por el coronavirus.

El columnista de Unidad Editorial critica abiertamente el uso y abuso de las palabras que perpetra Pedro Sánchez cambiando funeral por homenaje como si los más de 44.000 decesos que se han producido hubiesen sido por una cuestión de honor:

Morirse tiene poco mérito. La única condición imprescindible es estar vivo. De ahí que cuando se homenajea a los muertos lo sea a causa de otros honores cuyo precio fue la muerte. Así los caídos en las batallas por la libertad de los ciudadanos (Normandía) o la independencia de la patria (2 de mayo español) o los que dieron su vida por salvar otras vidas (médicos y enfermeras en tiempos del Covid). Las víctimas del virus no murieron en nombre de ninguna palabra alta y grave. Murieron como se muere corrientemente, por enfermedad. No hay ningún honor en ello. Hay dolor, hay duelo y hay memoria. O sea lo que integra un funeral.

Resalta que el Ejecutivo sanchista ha prohibido el uso del vocablo funeral como también coartó la posibilidad de que los españoles tuviesen acceso a las imágenes de los ataúdes:

Pero en la neolengua del Gobierno Sánchez funeral es una palabra tan prohibida como prohibido le estuvo a los españoles ver los ataúdes. Funeral es una palabra negra, ¡funeraria! De ahí que el Gobierno la haya rehuido desde el principio y hable siempre del homenaje a las víctimas que tendrá lugar en julio. En homenaje no se ve tanto al muerto como al honor por el que murieron. El que no haya honor, en este caso, al Gobierno le importa, naturalmente, un pimiento. Al Gobierno las palabras solo le interesan como significantes sobre los que verter sus putrefacciones. También en esto fue aquel Zapatero un precursor.

E insiste en que los españoles fallecidos lo han hecho por fallos groseros en el sistema, amén de la imprevisión administrativa:

Las víctimas españolas murieron por enfermedad, como es costumbre, pero su muerte tiene una importante circunstancia añadida. No murieron a causa del glioblastoma multiforme, ese tipo de tumor cerebral ante el que se inclina abatida e impotente la ciencia médica, sino por una enfermedad cuya mortalidad está directamente vinculada con la asistencia que reciba el ciudadano: tanto en la fase de prevención como en la de tratamiento. El Primer Mundo se ha sentido estos meses como se siente siempre el Tercero: asolado por enfermedades que podrían curarse, si fueran otras sus estructuras civiles y sanitarias. Pero dentro de este Primer Mundo genérica e inesperadamente golpeado, España presenta la peor de las cifras. Eurostat daba a conocer ayer mismo unas estadísticas que confirman que el exceso de mortalidad español es el más elevado de Europa. Se puede ser Primer Mundo de modos diversos y en esta crisis ser español (y no alemán y no francés y no griego y no portugués) ha sido la peor.

Espada lo fía todo a la Casa Real y a su máximo exponente, Felipe VI, para que pronuncie la gran palabra que Pedro Sánchez ha hurtado decir a los muertos:

Homenaje no sólo desplaza a funeral. También a la palabra principal que debía haberse pronunciado, y aún no se ha hecho. La palabra perdón. Hay la oportunidad de que el día 16 de julio, en la Plaza de la Armería del Palacio Real, la pronuncie Felipe VI. No será la primera vez que la dignidad del Estado dependa ya solo de él.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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