Manuel del Rosal

¿Quieren saber el tamaño de una mentira? Sigan leyendo

¿Quieren saber el tamaño de una mentira? Sigan leyendo

El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y para dar al viento apariencia de solidez” George Orwell, autor de la novela distópica “1984”

“Hay algo más abyecto que la ignorancia: forzar al hombre a padecerla”

Desde el minuto uno de la aceptación de la pandemia por este gobierno, nos vienen mintiendo.

Ese minuto uno ya era un minuto tardío, pues reaccionaron tarde y a conciencia; sabían, al menos un mes antes, lo que nos iba a traer el coronavirus, pero la prioridad era actuar de forma que la pandemia revirtiera en réditos políticos, lo demás era secundario. Este y todos los gobiernos de Europa y del mundo han actuado con el mismo objetivo: sacar réditos políticos, pero lo han hecho de distinta forma y, a veces, las formas son importantes.

Todos nos han servido la mentira en latas de conserva con una apariencia atractiva, pero con un contenido de carne-mentira podrida procedente del matadero donde sacrifican a la verdad.

Los representantes del gobierno, desde Sánchez a Simón, pasando por Illa y demás miembros del comité de expertos “fake”; con sonrisas de sarcasmo, esparciendo ráfagas de colonia y perfumes para tapar el hediondo hedor de la mentira enlatada y podrida, todos los días se metían en nuestros hogares a través de la pantalla del televisor para darnos una explicación y después poner una excusa. Y es en esto en lo que se apoyan las matemáticas para darnos la fórmula que explica el tamaño de una mentira. La fórmula es esta: Multipliquen el largo de la explicación por el ancho de la excusa.

El resultado debe ser luego multiplicado por un factor de corrección, una variable, que se cuantifica del 1 al 10 en función del daño que pueda hacer esa mentira según el estatus social de quién miente; la mentira de un niño de cuatro años será multiplicado por el factor 1, la de una madre de familia por el factor 4, la de un director de empresa por el factor 7 y la de un presidente de gobierno por el factor 10.

Todos los sábados Pedro Sánchez, en sus homilías sabatinas, nos daba una larga explicación de lo que había ordenado e iba a ordenar hacer y una excusa por lo que no había salido bien; nunca por su culpa, naturalmente.

Pues esa larga explicación multiplicada por la ancha excusa daba como resultado una mentira bárbara que al ser multiplicada por el factor 10 alcanzaba dimensiones colosales. Naturalmente, hemos de aplicar esa misma fórmula a las explicaciones de Illa y Simón y multiplicarla por un factor 9. Los metros cuadrados de las mentiras de estos tres señores forman un rectángulo (base explicación x altura excusa) de dimensiones estratosféricas.

Hemos de reconocer que esa es la función de los políticos: mentir; lo que verdaderamente llama la atención es que todavía los ciudadanos, en su mayoría, crean en los políticos de ahora y en la política de ahora. Hoy los políticos han perfeccionado todos los medios para mentir haciendo uso – un uso perverso – de las nuevas tecnologías, pero han pervertido todos los fines reduciéndolos a tan solo uno: obtener el poder y mantenerse en él el mayor tiempo posible.

NOTA AL MARGEN: Pocos saben que los médicos personales de los políticos les tienen hecha una advertencia muy seria:

“No morderse nunca la lengua, ni siquiera un poquitín, pueden morir envenenados por el veneno que destilan sus mentiras”

Manuel del Rosal

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