De los dos picapiedra caraduras, el más tonto y peligroso es Pedro Sanchez

Victor Entrialgo: «En manos del conserje y los okupas»

Victor Entrialgo: "En manos del conserje y los okupas"

El «señorito» tiene razón. De los dos picapiedra caraduras, el más tonto y peligroso es Pedro Sanchez. Él es el problema, como en su dia lo fue el tonto mayor del pueblo, Zapatero, que por interés propio y falta de sesera, puso España en jaque y hasta hoy.

Que un sinsustancia como Sanchez, con pinta de conserje de La Moncloa, pueda acabar en los despachos, puede ser fruto de una casualidad caprichosa. Pero que dos majaderos, si no tres, puedan llegar a Presidente de Gobierno de España en un breve plazo de tiempo, es algo que los españoles nos debiéramos hacer mirar.

Que un personaje cuyo grado de traición al servicio de potencias extranjeras, como Venezuela e Irán, pendiente de precisar, acabe de vicepresidente del gobierno, metiéndose en Moncloa con sus okupas, gracias al Conserje, es algo difícilmente comprensible en un país serio. Sin duda existen graves defectos en los procesos de elección de nuestros dirigentes, porque selección, desde luego, no existe ninguna. Algo defectuoso tendrá que haber en el país donde todo esto tiene lugar y, por supuesto, en el pueblo que lo permite.

Aunque el Coletas sea maléfico y nos distraiga con su tono falso, impostado y ridículo, el peligro mas importante es Pedro Sanchez, el conserje. Él es el que ha propiciado todo este sindiós. Y con él el sanchismo, o sea, el PSOE de los pelotas y ruines que nombró a su imagen y semejanza, despues de defenestrar a lo que quedaba del PSOE normal, vendiéndose los primeros por una nómina de palmero, no ya sin estudios, que eso se suple con la inteligencia y trabajo, sino que no han trabajado jamás.

El mayor peligro, el Estado, escribe Ortega en la Rebelión de las masas. Sobre todo cuando está en manos de unos insolventes intelectuales, profesionales e incluso económicos, hasta que consiguieron primero la financiación de potencias extranjeras y luego, con nuestro dinero, su nómina y sus rentas vitalicias. La mayoría de éstos atrevidos pelotas que han sido promocionados a los más altos escalafones del Estado no han pasado, ni de secundaria, ni de profesor ayudante, ni del capitán Trueno.

Y la masa, cuando actúa por sí misma, lo hace sólo de una manera: linchando. Así lo hemos visto aquí y en EEUU, paraíso de las masas, destrozando estatuas y mobiliario público, ignorantes de la historia, instigados como aquí por terceros, desde un profundo desconocimiento de quienes encarnan y simbolizan esos monumentos, que ellos han decidido interpretar de modo diferente de un día para otro.

Y hablando de masas llega el fútbol en nuestro auxilio para intentar aclarar todo esto. Nada más representativo de esas tribus extrañas que viven de nuestros impuestos en este país que, mal que les pese, se sigue llamando España, que esos futbolistas o exfutbolistas como Guardiola, Piqué o Xavi, otros okupas, que mientras pueden sacarle todo el jugo, se ponen la camiseta de España, defienden los colores del equipo nacional, se llevan la pasta a la saca y callan como ahogados.

Y cuando ya han exprimido todo lo que daba la vaca, entonces se sueltan y se permiten el lujo de criticar no sólo la selección de fútbol sino incluso la casa donde han vivido toda la vida, la mano que les ha dado de comer y aún la democracia española para ganar adeptos en su propósito de hacerse con un club de fútbol, el Barcelona, que se ha puesto al servicio de la causa separatista.

Y asesorados por sus representantes dicen que Quatar es una democracia superior, hablan de la igualdad allí de hombres y mujeres y de lo mal que funciona España. Es el viejo cuento de los presidentes y entrenadores del Barcelona para llevarse el tres, el diez o el treinta por ciento con Messi, con el Palau o con las obras públicas, pasando o no por la cárcel, distrayendo, eso sí, con el odio a España.

De todo eso es responsable el conserje de Moncloa. Un personaje que con la chaquetilla más apretada que las tuercas de un submarino, ha vendido como Fausto su alma al diablo dejando pasar a Moncloa, e incluso al Gobierno, a los diablos y a los okupas más siniestros y perversos de una sociedad española que, enferma, sigue sin sublevarse.

Víctor Entrialgo

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