Con la pandemia galopante más devastadora en la historia de España y con un país abocado a la ruina total

Luis Fernando Garrido: «Sánchez, cogido por los huevos»

Luis Fernando Garrido: "Sánchez, cogido por los huevos"

Como reza el refrán y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, les recordaré que hace seis años publicaba yo un artículo en las páginas de Opinión de un rotativo andaluz (Diario CÓRDOBA, concretamente) titulado “La amenaza perroflauta”, en el que analizaba la imparable irrupción en la vida política española de un personaje de nombre Pablo Iglesias y Turrión por su madre y de su incipiente Podemos, que había pasado en tiempo récord de las tumultuosas sentadas en la Puerta del Sol madrileña al socaire del movimiento 15-M a ocupar cinco escaños en el Parlamento Europeo, aglutinando millón y medio de sufragios en los primeros comicios en los que se asomaba como formación política.

Y ponía en alerta a los dirigentes de la época, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, del peligro que representaba la incursión de semejante tipejo en el panorama político español con una Asamblea Ciudadana (como ellos mismos se autodefinían en sus comienzos) que recogía el desencanto, la frustración y la crispación de la sociedad española, sobre todo de una juventud huérfana de expectativas laborales y sin un futuro claro en el horizonte, más que presentar una ideología política con predicamentos diáfanos del modelo de gestión que querían implantar en nuestro país.

En aquella ocasión dije en mi artículo que Podemos representaba la respuesta al colapso del sistema. La espoleta ante tanto despropósito. El “tsunami” ante tamaño exabrupto. Por aquel entonces, ni una sola mención al comunismo y chavismo bolivariano que más tarde se convertiría en el buque insignia de la formación morada. Embaucaron y engatusaron a millones de españoles con sus falsos postulados puño en alto, perros y flautas y megáfono vociferante en mano como portavoz de sus anarquías revolucionarias, pasando de la camisa blanca (¿pureza política?) y mochila en ristre de su líder a la chaqueta made in Zara de talla grande y cartera ministerial, y del modesto pisito de Vallecas al casoplón de cien millones de pelas en Galapagar. Y con guardia pretoriana en la puerta vestida de verde y con tricornio salvador. Que para eso es uno vicepresidente del Desgobierno, ¡qué carajo!

Tirando de inmodestia, barrunto que no me extravié ni un ápice de lo que pretendían esos niñatos, hijos de papá algunos, salidos de la Complutense madrileña, que pretendían cambiar el mundo a base de falacias engañabobos y que lograron asaltar en masa el Congreso de los Diputados, con bebé-Bescansa incluido, hasta llegar a la actual coalición de gobierno con ese sucedáneo de socialismo que promulga Pedro Sánchez.

Lo grave e insólito del asunto es que un tipejo que hace poco decía literalmente que iba en camiseta a “un Parlamento burgués de mierda a liarla y montar el pollo”. Y que afirmaba que “no se puede pactar para gobernar”, arengando a las clases menos favorecidas a la insurrección, porque según él “la clave del poder no está en las instituciones sino en la calle, en nuestras pelotas”, esté “okupando” la vicepresidencia del Desgobierno de España. Dejando, además, en la atmósfera una clara consigna: “Compañeros, hay que vivir ocupando, ocupamos las fábricas y ocupamos para vivir. Hay que arriesgarse, tenéis que convertir vuestra propia vida en una experiencia revolucionaria”. Decía también el que hoy llaman “rey de las cloacas” que “la Guardia Civil es una institución burguesa que protege los intereses de la clase dominante”, para apostillar que “nosotros hacemos política masculina, con cojones”. Y remataba la faena incitando a la masa podemita al desacato y la revolución, ya que “muchos de vosotros sabréis fabricar cócteles molotov, de los que incendian y explotan, sabréis hacer barricadas y correr en dirección prohibida de la Policía y en vez de dedicaros a beber os estaréis entrenando, porque se avecina una crisis terminal del capitalismo y tendremos que estar preparados para tomar las armas. A mí me gusta ese estilo”.

En singular parlamento televisivo, el hoy vicepresidente okupa de este país confesaba sentirse emocionado “cuando un manifestante agredía a un policía antidisturbios, porque a pesar de que se la estaba jugando, creo que expresaba una rabia que está creciendo”. Y espetaba finalmente que “cuando la rabia crece entre la gente hasta el punto de que alguien se juegue su integridad física ante un funcionario público que está entrenado, que lleva un arma de fuego y un casco, algo está pasando en la sociedad”.

Sí, sí, créanme, este impresentable es el vicepresidente del Desgobierno de España. Claro que algo está pasando en la sociedad, Iglesias. Que salvo cuatro estómagos agradecidos y un puñado de insurrectos imberbes embaucados hasta la saciedad, el resto de la población española (incluidos los sociatas) está hasta los cojones (con perdón) de este sujeto miserable y traidor (juró lealtad al rey y a la Corona en su nombramiento y ahora anda embutido en una feroz campaña para guillotinar la monarquía española) que sentó de manera infame a Sanchinflas en el sillón de la Moncloa y al que tiene cogido por los huevos.

Con la pandemia galopante más devastadora en la historia de España y con un país abocado a la ruina total, nuestros ilustres dirigentes han estado de vacaciones, tostándose al sol de Doñana unos y liando el pollo en Asturias otros por aquello de las pintadas en el suelo (“Coletas rata”). Mientras tanto, los contagios por el Covid-19 crecían por miles en todo el territorio nacional y la situación económica se tornaba insostenible. Barrunto que nuestros mandatarios siguen desbordados, acreditando que no tienen ni zorra idea de cómo afrontar esta gravísima etapa que nos ha tocado vivir en muchos aspectos de la vida española, como, por ejemplo, el tema de la educación, con una ministra Celáa que confunde el colegio con una discoteca. Aunque como consuelo de tontos siempre les quedará recurrir al Comité de Expertos que nunca existió. En fin….

Ante tal caos gubernamental, con un Sánchez instalado en la mentira con premeditación y alevosía cada vez que abre el catálogo de “Aló, presidente”, con unos ministros que se tiran los trastos unos a otros, intentando desviar la atención de sus cuitas internas de partido (caso Dina, financiación ilegal y caja B de Podemos entre otros), y con la gran mayoría de la sociedad española y miembros de su propio Desgobierno exigiendo la dimisión o cese inmediato del vicepresidente Iglesias -por innumerables razones más que justificadas-, el inquilino de la Moncloa no acaba de asimilar que el enemigo lo tiene en casa y no se atreve a dar el paso definitivo defenestrando a su socio de mandato, porque de hacerlo dinamitaría la coalición de gobierno y se vería abocado a convocar elecciones, cosa que no quiere ni en pintura. El Coletas lo tiene cogido por los huevos y no lo liberará bajo ningún pretexto.

La esperanza que alberga una Oposición inoperante radica en que antes o después Pedro I El Enterrador se verá obligado a guillotinar a Iglesias, dado que la movida que se está preparando en toda España para el 12-S va a saltar por los aires el Ejecutivo, amén de enfrentarse a una moción de censura que no llegará a buen puerto, pero que abrirá un cisma más profundo del actual en el Desgobierno. Además, Casado le exigirá a Sánchez el cese de Iglesias si desea sacar para adelante los Presupuestos del Estado. Por otra parte, Bruselas no ve con buenos ojos que su dinero llegue a una España dominada por el comunismo bolivariano que el vicepresidente, ahora de chaqueta talla XXL, pretende instaurar en nuestro país. Y sin ayuda europea, España se hundirá en la más profunda miseria. Difícil papeleta, pues, para Pinocho Sánchez, que a lo mejor tira de cuento infantil o de huevos para resolverla.

Luis Fernando GARRIDO

Editor y Periodista   

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