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Carlos Dávila: «Esperando a Felipe González»

Todo sería distinto si el ex presidente saliera a la palestra

Carlos Dávila: "Esperando a Felipe González"
Felipe González. PD

Por ahora miran hacia donde presuntamente está (que no está siempre en el mismo lugar) y no terminan de encontrarle.

Lo propio sería decir, remedando aquella frase feliz de Sabino Fernández Campo en el golpe del 81: “Ni está ni se le espera”. El cronista desde luego, no ensaya un complicado galimatías lingüístico para expresar cuál es la posición actual del que tantos años fue presidente del Gobierno. ¿Cómo está Felipe González ante todo lo que está perpetrando su sucesor? ¿piensa comparecer claramente en algún momento para expresar su pensamiento? Pues la respuesta a estas dos cuestiones la tiene un antiguo colaborador suyo de los que nunca tuvieron pelos en la lengua para hablar en vivo y en directo.

Dice: “Está más harto que enfadado”. Quizá su cansancio se funde en lo poco que soporta la pléyade de presiones que se están ejerciendo sobre él. Son varios los que creen que, para Pedro Sánchez las tres o cuatro plataformas que han instalado para criticar sus fondos y sus formas, son apenas un pellizco de monja en su atrabiliaria arquitectura política.

A este respecto, fíjense lo que indica un periodista siempre muy cercano al antiguo felipismo: “Pedro no se mueve por principios, es más, no los tiene, ni los desea, se mueve por resultados”. Es un fiel trasunto de lo que opina y cómo actúa su gurucillo Iván Redondo, ese que tiene dicho hace mucho tiempo que “yo soy un mercenario, trabajo para el que me paga”.

Dado pues, que a Sánchez los apellidos de estos medidos disidentes le traen por una higa, y dado, sobre todo, que en el momento actual el aún presidente sólo tiene una obsesión, aprobar los Presupuestos, estos movimientos, nada telúricos, sino incluso bastante infantiles que patrocinan sus todavía correligionarios, los toma a beneficio de inventario.

¿Qué ocurriría sin embargo, si Felipe González abandona su cómodo envoltorio de jarrón chino, dice lo que realmente piensa y eso se convierte en un aldabonazo para toda la izquierda decente de siempre? Pues lo afirma así el periodista susodicho: “Desde luego que se produciría una auténtica convulsión interna”

Y añade: “¿O es que alguien ve realmente a la señora Lastra confrontarse políticamente con Felipe?”.

La cita de Lastra no es ni casual ni mucho menos inocente. Ella ha sido la que, con un desahogo imponente, ha advertido a sus “mayores” que nada tiene que ver con ellos, que ahora “somos nosotros los que mandamos en el partido y en el Gobierno”.

Tengo por seguro que a Felipe González esa desmesura le ha sentado como un tiro. Si son ciertas las informaciones, González contesta así, con su ironía sarcástica habitual, a las imputaciones de Lastra: “Pero, ¿esa chiquilla quién es? ¿a quién ha ganado?”.

Puede decirse que, aún en su pequeñez, Lastra ha logrado que Felipe dé un paso más en su necesidad de tomar posición.

Algún cercano lo expresa así: “Todo está por ver”, sentencia enigmática, como muchas de las que normalmente maneja González, que da para toda clase de especulaciones.

Todo sería distinto si el ex presidente saliera a la palestra. Los demás le están esperando, incluso parece que también Alfonso Guerra, que suspendió sus contactos con él hace más de una decena de años. Mientras aparece y comparece o no, los que ya se han retratado contra Sánchez no guardan la menor esperanza de que éste les haga el más mínimo caso.

Por ejemplo, Antonio Miguel Carmona, el inquieto profesor de Economía, que ha organizado una recogida de firmas (va por las ciento sesenta mil) para oponerse a la Ley Celaá que pretende laminar el uso del castellano en el País Vasco y Cataluña, también en Navarra, creo. Carmona reconoce sin ambages que su iniciativa se la va a pasar por el forro la coalición del Frente Popular. Lo dice así: “Tenemos poco menos de un veinte por ciento de posibilidades de que este movimiento impida que la Ley salga adelante”.

Mucha confianza no posee realmente. Sánchez lo tiene claro: “Presupuestos y luego, ya veremos”. Y Presupuestos con quien sea y al precio que sea. Él no desdeña ningún escaño; es más, tiene gran aprecio a una aprobación masiva, incluso con los filoetarras de Bildu dentro.

Está imbuido de una suerte de providencialismo laico, cercano a la psicopatología, que le hace ver las cosas de esta manera: “Nosotros hemos iniciado una nueva etapa de la Historia de España”. Como suena. No para en barras este individuo. Es más, el cronista, pese a los efluvios optimistas que le llegan, tiene que proclamar que, aunque Felipe González abandonara su mutismo, Sánchez seguiría en lo mismo.

Tiene muchas voluntades apalabradas y todos los medios a su servicio. Televisión Española, que es un oprobio para la dignidad de los españoles, el CIS de Tezanos, que ha vuelto a las suyas con una encuesta inventada que no resiste el menor análisis sociológico, la Fiscalía, y hasta el Tribunal Constitucional que los socios de Sánchez se quieren cargar en una muestra más de su aversión a España.

Todos forman, y lo reconocen, el Frente Popular de lo que ellos mismos denominan la “AntiEspaña”. Más claro, agua. Felipe González debería tenerlo en cuenta. Le están esperando.

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