"¿Acaso alguien querría tratos con un violador o un maltratador al amparo de que son legales porque han cumplido sus penas?"

Un hijo de Múgica, el líder socialista asesinado por ETA, noquea a Sánchez: «Pactar con Bildu premia el crimen»

"Continuar en este camino ciego en que ahora estamos retenidos, acabará mal para los españoles, mal para el PSOE"

Un hijo de Múgica, el líder socialista asesinado por ETA, noquea a Sánchez: "Pactar con Bildu premia el crimen"
José María Múgica y Pedro Sánchez.

No es de extrañar que no quiera nada con este PSOE.

José María Múgica, hijo de Fernando Múgica, el socialista asesinado por la banda terrorista ETA en 1996, no es la primera vez que salta a la yugular de Pedro Sánchez por sus devaneos con Bildu.

Ahora, sin embargo, no se calla absolutamente nada y, en una tribuna en El Mundo este 26 de noviembre de 2020, deja al presidente del Gobierno a la altura del betún por el blanqueo tan descarado que ha regalado al partido de Arnaldo Otegi:

«No pactaré con Bildu. No pactaré con Bildu. ¿Cuántas veces lo debo repetir?» (Pedro Sánchez). Me cuento –fuimos tantos– entre quienes creímos en aquellas palabras pronunciadas no hace tanto tiempo. Cuando fueron dichas, honraban la memoria del PSOE.

Sí, la fuerza decisiva del PSOE consistió en ser un partido de memoria. Por muchas y amargas décadas combatió primero el franquismo, después el terrorismo etarra, anverso y reservo ambos de una vocación totalitaria conducida a través de políticas de odio y ejecución criminal. El PSOE fue parte decisiva de ambos combates, sobre los que sustentó su memoria histórica.

Observa entre sorprendido y decepcionado el entreguismo a los bilduetarra a cambio de los Presupuestos Generales del Estado:

Ahora, en ruptura con lo que fue por décadas, se nos anuncia un acuerdo presupuestario entre PSOE y Bildu.

Nadie podrá decir que esos cinco votos parlamentarios de Bildu son necesarios, no es verdad. Nadie podrá decir que no existía otro camino, tampoco es verdad.

Nadie podrá ampararse en que Bildu sea legal, para así pretender acuerdos con ellos. La democracia se sustenta en unos pocos principios, que son rigurosamente innegociables. De entre ellos, exige distinguir entre lo que es legal y lo que es legítimo. No todas las ideas son legítimas: las políticas de odio, de exclusión, de supremacismo, de antisemitismo, de persecución del diferente, son radicalmente ilegítimas y deben ser siempre combatidas. Como en la vida, así la política. Un maltratador, un violador, o un asesino podrán ser legales, sí, pues cumplieron sus penas de prisión. ¿Acaso alguien querría tratos con ellos al amparo de que son legales?

¿ES ARGUMENTO VÁLIDO QUE ETA DEJÓ DE MATAR HACE 10 AÑOS?

Para José María Múgica no se puede esgrimir el argumento de que ETA dejó de asesinar hace diez años para pactar con ellos. Si no se hace con el franquismo, que acabó hace más de cuatro décadas, ¿cómo es posible que basten dos lustros para encamarse con los del tiro en la nuca?

Nadie podrá decir tampoco que hace diez años el terrorismo dejó de asesinar como justificación para emprender nada con ellos. ¿Cuál es la medida del tiempo para que la desmemoria nos destruya? ¿Dónde iríamos con esa medida temporal si la aplicamos a la dictadura franquista, felizmente liquidada hace más de cuarenta años?

No se puede aceptar reducir las cosas al hecho de que ETA ya no existe. Convertir a Bildu en interlocutor supone premiar el crimen porque, por dejar de matar –en realidad, por ser derrotados por el Estado de derecho–, se está premiando a quien mató. Si los que han dejado de matar merecen tanta atención, cuánta mayor atención y mayor respeto merecemos quienes nunca hemos matado. No se trata tan sólo de víctimas; es toda la sociedad española la que es interpelada ahora. El respeto a nosotros mismos, a la memoria de lo que ocurrió, la necesidad de hacer frente a sus ideas de odio exigen denunciar cualquier trato que se pretenda con Bildu.

Entiende el hijo de Fernando Múgica que no hay que perder el tiempo reclamando que los herederos políticos de ETA pidan perdón:

Mejor también dejar de pedir que pidan perdón. No lo harán. Saben de dónde vienen, no renunciarán a su odiosa estirpe portadora de sangre y destrucción. Nada se trata de pedirles; es de combatirles de lo que se trata.

Jamás se pueden aceptar tratos con legatarios del franquismo; de la misma exacta manera, jamás se pueden aceptar tratos con legatarios del terrorismo. No se puede normalizar lo aberrante, porque entonces lo aberrante será norma. No se puede blanquear la oscuridad siniestra. Como ocurrió con el franquismo, es también un abismo insuperable que se abre entre nosotros y Bildu, que separa la vida frente a la muerte. Es algo sencillo la memoria, permite distinguir el bien del mal. Sin ella, el infierno sin normas de la indiferencia se abriría ante nosotros, el «todo vale» prevalecería.

Sin la memoria, nos asemejamos a un teléfono al que se suprimió su tarjeta de memoria, convertido ya en una simple carcasa inservible. Es así que se pierde el alma y la propia razón de ser.

EL AS GANADOR: LA CARTA MAGNA

Para Múgica, España tiene una carta ganadora, la de la Constitución:

La Constitución, que garantiza nuestros derechos y libertades, constituye la casa común de los españoles. Contiene la ambición de la mejor España, abierta y generosa, y fue obra colectiva que figura también en la mejor memoria del PSOE.

Frente a ella, votaron no ERC y Herri Batasuna –también Falange, por cierto–. Como ahora votaría Iglesias también no, lo proclama a diario. Hoy comprobamos que Podemos es embajador y al tiempo bisagra de la alianza con Bildu y ERC. Que su propósito común lo proclaman a los cuatro vientos, hacer caer –«tumbar», dicen gráficamente– nuestro sistema de libertades. Conviene prestar atención a lo que dicen a las claras, nadie podrá decir que fue engañado por ellos, que no lo sabía.

Esa alianza de populismo y nacionalismos identitarios constituye una amenaza a nuestro orden democrático que se debe combatir.

Rechaza de todo punto el populismo, venga de donde venga, así como los movimientos nacionalistas identitarios porque los considera destructores y socavadores de la convivencia:

El populismo –se ponga la etiqueta que se ponga, a derecha o a izquierda– impulsa siempre el desprecio del otro. Un tropel de inquisidores vocingleros proclaman sus dogmáticas verdades a fuego, decretan sus prohibiciones y dictan la condena de quienes sencillamente no piensan como ellos. Caudillos del insulto, promueven la exclusión del otro que no es como ellos. Da igual de dónde proceda el sonido de sus voces destempladas; se autocalifiquen de derecha o de izquierda todos ellos llevan el germen destructor del totalitarismo.

A su vez, el nacionalismo identitario es la expresión acabada del espíritu reaccionario. Separador de ciudadanos, destructor de la igualdad, ese nacionalismo es de siempre enemigo de los principios emancipadores de libertad, igualdad y fraternidad en que se funda la izquierda.

Es así que el nacionalpopulismo –macedonia de fuerzas políticas lúgubres donde las haya, cuajadas también de cutrez y de incompetencia– pone en riesgo las libertades en toda Europa, también en España.

Y es así que la izquierda democrática no podrá avanzar en ninguna dirección de progreso en acuerdo con dichas fuerzas. De persistir en ese empeño, quedará irremediablemente atrapada en una deriva reaccionaria que aquellos otros imponen en su marcha hacia el despotismo.

Reclama que el PSOE abandone ese camino emprendido para evitar una ruina general, ya no solo del partido, sino también de toda España:

Lo más amargo consiste en observar que estamos perdiendo la España que puede y merece la pena ser. Desangrados por la pandemia y una crisis económica sin precedentes, es ahora más que nunca que precisamos de nuestro mejor esfuerzo común que nos rescate de convertirnos en un país triste y áspero al que se cierra su porvenir. Que nos necesitamos, que abrir trincheras es suicida, que el griterío insensato a nada conduce, que nuestra nave común no podrá seguir adelante desde las banderas de la división y el enfrentamiento. Hace mucho tiempo ya que los españoles nos debemos una larga conversación; y que sea, por fin, en voz baja y serena, en lugar de a gritos.

Lo que sigue no es vaticinio, es certeza: continuar en este camino ciego en que ahora estamos retenidos, acabará mal para los españoles, mal para el PSOE. Será como una escalera descendente que nos llevará a más empobrecimiento, desintegración y división. Cuanto antes se detenga esa ruta, cuanto antes se enderece el rumbo, mejor será para todos.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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