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Rafael López Charques: «No podemos»

Todo va al revés y no podemos consentirlo

Rafael López Charques: "No podemos"

Pasadas las fiestas navideñas, o del solsticio de invierno (para que nadie se ofenda), volvemos de nuevo a la normalidad habitual, por suerte no a la nueva normalidad que nos ofrece “cum fraude”, y reflexionando sobre lo que estamos viviendo, pensamos que no podemos aguantar más.

Nosotros, el pueblo llano, estamos cansados de ser el chivo expiatorio de la situación a que nos aboca la parodia de gobierno que sufrimos. No sabemos si se cree que los ciudadanos somos tantos, o él se considera lo suficientemente listo para hacernos tragar toda la bazofia que nos ofrece.

Lo que acontece en nuestro país es inadmisible desde cualquier punto de vista, pero por desgracia la gente parece paralizada, ya sea por miedo o por comodidad.

Lo cierto es que aguanta y calla, mientras una de las muchas medidas descabelladas no le afecte directa y personalmente. Entonces sí protesta. La conclusión es que los mandamases, hay que reconocérselo, han logrado destruir el espíritu de solidaridad, y que por lo de ahora les sale bien el “divide y vencerás”.

Todo va al revés y no podemos consentirlo.

Hemos asistido al asalto al Capitolio estadounidense. No conocemos los verdaderos responsables del hecho, ni lo aprobamos, pero lo que nos llama la atención es que quienes más lo han criticado son los mismos que aplaudieron el asalto chavista a la Asamblea venezolana, o que el Presidente de la Generalitat tuviese que entrar en helicóptero en la Cámara. No es de extrañar, cuando un dirigente de un partido izquierdista afirma tranquilamente en una red pública que participaría en el asesinato del Rey, si se diesen ciertas condiciones.

Como este desgobierno no sabe por dónde anda, todo apunta a que ha hecho suya una frase acuñada en el régimen anterior que tanto odia. En concreto “España es diferente”

Somos diferentes porque mientras que más de cien países han establecido desgravaciones fiscales para paliar las consecuencias económicas de la pandemia, en el nuestro asistimos a una notable subida de los mimos. Para completar la situación, el precio de la luz aumenta este año en un veintisiete por ciento, consiguiéndonos colocar como uno de los países europeos que la tiene más cara. La posible explicación que encontramos es que la energía eléctrica, incluida la consumida en los hogares, sea un artículo de lujo.

Como somos diferentes parece ser que “cum fraude” ha ordenado a la Abogacía del Estado recurrir una sentencia de la Audiencia Nacional que le exigía información sobre los viajes, ajenos a su condición de presidente del Gobierno, utilizando transportes oficiales, esos que pagamos todos. No podemos menos que extrañarnos de tal comportamiento cuando el citado nos tiene aburridos de proclamar la transparencia de sus actuaciones.

Para curarse en salud, ese organismo servil en que se ha convertido el CIS hace una encuesta en la que entendemos, perdonen si nos equivocamos, que lo que en definitiva preguntan si en caso de tener que elegir es mejor vacunar a los jóvenes o a los viejos. Saquen sus conclusiones, pero no olviden que el país que ahora tenemos, y algunos tratan de destruir, cada vez más abiertamente, es obra de esa gente mayor, cuyos derechos, incluso a la vida, estimamos que cada vez se ponen más en duda.

Para completar el panorama, parece ser que una fundación morada propone que los puestos de trabajo públicos y privados se asignen sin tener en cuenta los méritos y libertad de los empresarios para elegir. En otras palabras quieren que un indocumentado, pero amigo, pueda desempeñar cualquier trabajo.

Evidentemente por el bien de todos, no podemos admitir todo esto.

Rafael López Charques

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