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Eduardo Inda: «O el Madrid de Iglesias y Hasél o el de Ayuso»

Ayuso los tiene de los nervios porque no sólo no va a perder un voto sino que el 4 de mayo duplicará el número de escaños

Eduardo Inda: "O el Madrid de Iglesias y Hasél o el de Ayuso"
Isabel Díaz Ayuso, mostrando un adoquín de los que lanzan a la Policía los fanáticos del rapero Hasel. PD

Las algaradas que han incendiado durante tres o cuatro semanas Barcelona y media España, son la prueba del nueve de que los delincuentes tienen carta blanca o casi con este Gobierno.

Hasta ahora, al menos, han gozado de una semiimpunidad que causa asombro entre nuestros socios de la Unión Europea e indignación entre esa mayoría absolutísima de españoles de bien.

Una España de Pablo Hasél que da por hecho que la propiedad privada no existe, que ve legítimo el uso de la violencia para imponer sus tesis políticas, que apuesta por la eliminación física o civil del contrario ideológico y que sitúa a la Policía como el gran enemigo a batir por las buenas o por las malas.

El caso Hasél puso de relieve algo inaudito en 44 años de democracia: los delincuentes que ponen patas arribas las calles, roban comercios, incendian contenedores e intentan asesinar policías estaban representados en el Consejo de Ministros. Pablo Iglesias y su enchufada compañera sentimental, Irena Montera, son los embajadores de los peligrosos piojosos que siembran el pánico en nuestras grandes urbes.

O tal vez los caudillos aunque en este caso, como ocurría con la banda terrorista ETA, se desconoce si fue antes la gallina o el huevo, si manda el que está en la calle ejerciendo el terrorismo callejero o el autor intelectual que observa todo con delectación desde su enmoquetadísimo despacho. Acuérdense del vicedelincuente, aún vicepresidente, siempre delincuente, cuando patearon a un antidisturbios en ese Rodea el Congreso que en realidad fue un Asalta el Congreso fallido.

“Me emociona ver a manifestantes que se la juegan agrediendo a un policía”, rebuznó en aquel 2012 para olvidar.

La salida del facineroso Iglesias rumbo al incierto futuro de una candidatura inevitablemente perdedora a la Comunidad de Madrid permite extraer una conclusión a vuela pluma: Isabel Díaz Ayuso ha conseguido la salida de Moncloa de ese feo bulto sospechoso que provocaba pánico en Bruselas y terror en Fráncfort.

Que no es moco de pavo, especialmente si tenemos en cuenta que la presidenta madrileña es una fascista, amén de tonta del bote, de acuerdo a lo que se escucha en la mayor parte de las televisiones, radios y periódicos patrios.

Ésa es, al menos, la deducción que se extrae tras un meteórico, y por ello somero, análisis. Porque todo huele a que el machaca del narcodictador Maduro ha salido corriendo del Gobierno de España un minuto antes de que le pegaran la patada —“no lo soportamos”, era la frase unánime de la facción socialdemócrata—, o dos antes de que la Fiscalía Anticorrupción le eche el guante, o quién sabe si tres antes de que el Supremo le procese por cualquiera de los tres delitos que le preimputa el magistrado de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón. Porque méritos, lo que se dice méritos, concita méritos sobrados para todo ello.

Y más. Estamos hablando de un individuo que ha loado a ETA —hace falta ser miserable—, un pájaro al que la Policía situó hace 15 años cuando era un don nadie como el enlace en Madrid de la asociación de presos etarras Herrira, un sujeto que cobra sin pudor alguno de una tiranía como la venezolana que asesina a los opositores en las calles y tiene muerta de hambre a la población y un individuo al que financió su programa de TV esa teocracia iraní que cuelga homosexuales y lapida mujeres. Todo muy progre, como ven.

Sea como fuere, la fascista de Ayuso, a la que ya le desean el degollamiento, como hizo anteayer el protodelincuente Pradera, los tiene de los nervios porque no sólo no va a perder un voto sino que duplicará el número de escaños. La gran pregunta es si sumará sola o en compañía de otros los 69 en que se halla fijado en estos momentos el umbral que divide la mayoría mayoritaria de la mayoría absoluta.

La OKencuesta publicada anteayer revela que las cosas están mucho más ajustadas de lo que algunos quieren hacernos ver. Cuidadín. Vender la piel del oso antes de cazarlo es normalmente sinónimo de Waterloo.

Por este último motivo y por diez mil más nadie se puede quedar en casa el primer martes de mayo. Parafraseando pero en sentido bueno a Carmen Calvo, hay que ir a las urnas como si nos fuera la vida en ello. Porque nos va la vida en ello. Hay que acudir como un solo hombre o una sola mujer para impedir que ese Pablo Hasél que es Pablo Iglesias acabe gobernando la Comunidad de Madrid solo o por Ángel Gabilondo interpuesto. Nadie se puede quedar en casa, básicamente, porque esa gandulería puede provocar que resuciten ese Impuesto a los Muertos mal llamado de Sucesiones, que rescaten del baúl de los recuerdos el de Donaciones y que disparen el IRPF hasta límites aún más insoportables.

Hay que concienciar a todos nuestros convivientes de que no nos podemos cargar así como así una región cuyo PIB creció en el último trimestre de 2021 a un 4,5% que nos asimila más a China que a Estados Unidos o el resto de la UE. Para que se hagan cargo de la salvajada de la que estamos hablando, ahí va un dato que lo dice todo: la subida del PIB madrileño fue 11 veces superior a la media nacional (+0,5%) y 12 a la de Cataluña. Todas las comparaciones son odiosas pero ésta en sencillamente escandalosa.

Hasél Iglesias es el enviado de Belcebú para arruinar Madrid durante varias generaciones. Y aunque es casi física y metafísicamente imposible que llegue a la Real Casa de Correos —o no, que diría Mariano Rajoy—, no hay que descartar ni mucho menos que acabe condicionando la gobernabilidad.

Sea como macho alfalfa, es decir, de presidente, acabe ocupando la Vicepresidencia de la región más próspera de España, una cosa está clara: todo se irá al garete. Lo primero que pasará a mejor vida será la propiedad privada, al igual que está sucediendo en unas Islas Baleares donde el artículo 33 de la Constitución es papel mojado.

La okupación será el pan nuestro de cada día y a ver quién es el guapo que compra una casa. Y el que herede una vivienda de su padre, de su madre, de su tío o de su tía, que se despida de ella. Si no se la quita el fisco madrileño vía Impuesto a los Muertos, se la robará directamente la Comunidad, como ha hecho la socialista-independentista Armengol en Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera.

Y, por supuesto, toda la pasta que se recaude en tributos no irá a mejorar el sobresaliente sistema sanitario madrileño o esa Educación a la sueca que permite que los niños se gradúen manejando con similar destreza la lengua de Cervantes y la de Shakespeare. Acabará en manos de los chiringuitos que esta chusma tiene montados no para mejorar el estatus de los más pobres o de las maltratadas, tampoco para avanzar en ese camino de la igualdad real entre hombre y mujer, ni desde luego para proteger a ese colectivo históricamente discriminado que es el gay o el transexual.

Servirá para engordar la butxaca de este impresentable multimillonario y sus amiguetes.

Las calles se volverán más inseguras, entre otras razones, porque los Hasél de la vida se apoderarán de ellas.

El pensamiento único se impondrá en Madrid. Convertirán nuestros hogares en pequeños gulags con la excusa de la pandemia o sin ella, vamos, que las restricciones dejarán chicas a las adoptadas en otras autonomías. Se terminarán las licencias para construir. A nuestros hijos les enseñarán el mal en las escuelas, que lo bueno es nacionalizar las empresas, que un niño es una niña y una niña un niño, que la propiedad privada es pecado, que la agresión está justificada si la víctima es un capitalista y que los empresarios son unos ladrones.

Y desde luego el machismo salvaje que desprende el personaje se impregnará en todos los órdenes de nuestras vidas.

Un político que aparta a una mujer sin ningún tipo de miramiento para colocarse él es capaz de cualquier cosa. Un indeseable que desea “azotar a Mariló Montero hasta que sangre” es un peligro público. Un tipejo que lanza besos a una contertulia como Pilar Gómez no sería ni presidente de su comunidad de vecinos en una democracia de calidad, bueno, esto último no lo será nunca porque él goza de un casoplón que el 99,99999% de los madrileños no verá ni en 70 reencarnaciones.

Un testosterónico que ofreció su despacho en el Congreso a Andrea Levy “para que se entendiera” con el diputado Miguel Vila debería estar inhabilitado civilmente. Empezando por ese Instituto de la Mujer que ahora controla su pareja, pasando por las asociaciones feministas y terminando por las féminas en general. Pero a este pollo le sale gratis todo.

La irrupción de este violento machista —al menos en potencia— no es ninguna broma. Enfatiza aún más lo que nos jugamos el 4 de mayo en esa cita que yo bauticé como las elecciones generales de Madrid que, dicho sea de paso, serán las más importantes de su vida para los habitantes de la región.

  • O el Madrid de ese sosias de Pablo Iglesias que es su tocayo Hasél o el de Isabel Díaz Ayuso.
  • O la okupación o la propiedad privada. O el terrorismo callejero o la seguridad.
  • O la eliminación de la Sanidad privada o la virtuosa coexistencia con la pública.
  • O resignarte a apoquinar tributos cuando te mueras, vayas al cielo o al infierno, o hacerlo sólo en vida.
  • O un 32% de Impuesto de Donaciones o menos de un 1%.
  • O irte a casi el 60% de IRPF o tributar al 47% como mucho.
  • O comunismo o liberalismo.
  • O cierre a cal y canto de bares, restaurantes, comercios y hoteles o compatibilización de la salud física con la económica.
  • O persecución sin cuartel de todos los que disentimos o democracia.
  • O el mal o el bien.

No hagamos el tolai.

Con las cosas de comer no se juega.

Eduardo Inda

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