Han traspasado todas las líneas de la ética y se han comportado como lo que son: unos sinvergüenzas sin escrúpulos

Alfonso Rojo: “Sabíamos que Pablo Iglesias era un cursi y un impostor y ahora descubrimos que encima es un cagón”

Sólo un tipejo como Pablo Iglesias sería capaz de compararse con los judíos masacrados en la Alemania nazi, tratando de aparecer como víctima de ese enemigo imaginario que se ha inventado el jefe de Podemos, con la inestimable colaboración del ministro Marlaska y los periodistas de la ‘Brunete Pedrete’.

Es indignante, desde el punto de vista de esta profesión tan divertida como desventurada, que periodistas de renombre como García Ferreras, Daniel Gavela o Javier Moreno, por citar sólo a unos pocos, den cobijo en LaSexta, la Cadena SER o El Paísde RTVE ya no hablamos– a las burdas maniobras de un personaje que banaliza el Holocausto, poniéndolo a la altura de una inocua carta, con cuatro viejas balas dentro, que no entraña amenaza real alguna.

E igual de patética es la actuación del ministro Marlaska, poniéndose tan histérico como Iglesias, quizá con la esperanza de que la maternal Angels Barceló o mejor el del moño lo agarre también de la manita.

Una pregunta obligada, que hemos lanzado estos días desde Periodista Digital, es que habría hecho Barceló si Rocío Monasterio, al comprobar que Iglesias no condena los ladrillazos y pedradas contra los mítines de VOX– como no ha condenado nunca los asesinatos de ETA, las torturas del chavista Maduro o los ahorcamiento de homosexuales en tierras de sus financiadores ayatola-, se hubiera levantado de la mesa y amenazado con abandonar el plató de la SER.

La respuesta es evidente: se habría quedado sentada y quizá, para hacerse querer por los progres de pacotilla y tener un minuto de gloria en redes sociales, habría rematado la faena con un ‘cierre la puerta por fuera’.

No vamos a decir que la Policía ha identificado al autor de la carta que contenía una pequeña navaja manchada de rojo, enviada a la ministra de Industria, Reyes Maroto, porque el fulano, que no anda bien de la cabeza, se identificó sólo: puso hasta remite, con su nombre y dirección.

Se trata de una persona afectada de una grave esquizofrenia, razón por la cual no se ha procedido a su detención.

Y aquí viene lo bueno: Reyes Maroto, futura vicepresidenta económica de Ángel Gabilondo en el improbable caso de que el socialcomunismo consiga la mayoría en las elecciones madrileñas del 4M, ya lo sabía cuándo salió lagrimeando a contar ante las cámaras de TVE que a ella también la amenazaba de muerte la ultraderecha.

La propia ministra de Industria, sin ponerse colorada, declaró: «los demócratas estamos amenazados de muerte si no paramos a VOX en las urnas».

La jugada es evidente. Sin prueba alguna porque no la hay, viendo que las encuestas les vaticinan un cacharrazo antológico en las elecciones autonómicas madrileñas y que eso puede tener repercusiones a escala nacional, Pedro Sánchez, sus ministros y sus compinches intentan responsabilizar al partido de Santiago Abascal, y de paso a Isabel Díaz Ayuso, de crear el caldo de cultivo para que en España se instale un ‘Infierno Fascista’.

Han traspasado todas las líneas de la ética y se han comportado como lo que son: unos sinvergüenzas sin escrúpulos capaces de rentabilizar hasta la enfermedad mental de un ciudadano, al que acusaron de ‘fascista’, en un intento desesperado de criminalizar al centroderecha español en vísperas de unos comicios decisivos..

Si el padre intelectual del plan es Iván Redondo, que lo dudo, entonces más tonto de lo que imaginaba.

Lo más probable es que se trate de un engendro urdido en la Factoría Podemos, que los socialistas han comprado, por esas debilidades políticas, mentales y morales que tiene el PSOE de Sánchez.

De Pablo Iglesias sabíamos que es un cursi, que le ciega la soberbia, que se lo lleva crudo y que esta trufado de incoherencias y contradicciones.

Ahora, viéndole llorar en los brazos de Barceló, y de cualquier periodista dispuesto a darle un masaje en pantalla, nos damos cuenta de que, además, es un cagón.

ALFONSO ROJO

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