LA SEGUNDA DOSIS

«Los herederos de las checas planean dinamitar la cruz del Valle de los Caídos»

Hoy, en ‘La Segunda Dosis’, vamos a delinquir. A conciencia y a fondo.

Tal como se están perfilando las cosas y vista la histeria liberticida en que han entrado Pedro Sánchez y sus compinches, es muy probable que lo que les voy a contar a continuación suponga dentro de pocos meses que nos cierran Periodista Digital, nos imponen una multa de 150.000 euros y hasta intentan meterme en la cárcel.

Y la acusación, el delito que me imputarán, será no haber sido fiel a la verdad ‘oficial’.

No haberme ajustado obediente a la versión de la Historia de España que ellos están inventado.

En otras palabras: ser libre y discrepar.

Si yo publicase que el socialista Largo Caballero, que adoraba presentarse como el ‘Lenin español’, fue el principal responsable de la Guerra Civil de 1936 y que estuvo al tanto de matanzas como la de Paracuellos, me cascarían por lo menos 2.000 euros de multa y hasta podrían clausurar temporalmente mi periódico, ajenos al hecho de que fue el propio Santiago Carrillo, otro pájaro de cuenta, quien lo puso negro sobre blanco es ‘Mi Testamento’, su libro de memorias.

Cuando el Ayuntamiento de Madrid retiró las placas que la podemita Carmena había ordenado poner en el Cementerio de la Almudena, al descubrir que entre los fusilados por el franquismo a los que pretendían homenajear PSOE, y Podemos y Más Madrid se habían colado 330 verdugos chekistas, lo más que hubo fue un alboroto en la Asamblea y descalificaciones sectarias de LaSexta y TVE al alcalde Almeida.

Si a mí, dentro de unos meses, se me ocurre publicar el perfil de Alfonso Laurencic, fusilado en 1939 tras un juicio sumario y decir que se lo merecía, me llevan preso.

Y el tal Laurencic, que según el Gobierno Sánchez es una ‘víctima del franquismo’, fue condenado por dedicarse a ingeniar artilugios, para hacer sufrir hasta el infinito a todo aquel que a los rojos del momento les parecía sospechoso y caía en la Cheka.

Entre otras cosas, Laurencic, un monstruo de la maldad, creó celdas especiales, en las que el suelo estaba sembrado de ladrillos afilados, para hacer imposible al preso caminar, con un lecho de cemento, cubierto de brea e inclinado un 25%, para que jamás pudiera conciliar el sueño.

No quiero ni imaginar la que nos caerá encima, si se nos ocurre contar que, en el primer mes de la Guerra Civil, una banda de rojos a bordo de tres camiones llegó a la ciudad malagueña de Ronda, pidió al comité local que les entregará a todos los ‘fascistas’ que hubiera en la cárcel, hizo su propia recogida por las casas, y despeñó –una tras otra- por el tajo, en una zona que tiene más de 100 metros de profundidad-, a 512 personas, incluidas mujeres y adolescentes.

Y nos doblan la sanciones si añadimos, que los asesinos se tuvieron bien merecido que les dieran los suyo al terminar la contienda, aunque el Gobierno Sánchez sostenga que fueron ‘víctimas del franquismo’.

No se me ocurre mejor frase para reflexionar sobre esa aberración jurídica, política y social que es la Ley de Memoria Democrática de Sánchez que una frase de George Orwell en  ‘1984’:

“Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”.

Porque de eso va la cosa.

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