HAY GENTE PARA TODO

¿Para cuándo el partido que defienda los derechos de los mayores de 65 años?

Y nos convierten en empleados de la sucursal bancaria, del ambulatorio, de la delegación de previsión social, de la de hacienda, de la de transporte y hasta del supermercado, de los grandes almacenes, de las agencias de viaje y de los hoteles

¿Para cuándo el partido que defienda los derechos de los mayores de 65 años?

En esta sociedad líquida de usar y tirar hay derechos para todos, todas, todes y hasta para las plantas, pero cada vez hay menos para los mayores de 65 años que ni pueden ni quieren adaptarse a este mundo de internet en el que las aplicaciones para ordenadores o dispositivos móviles sustituyen a los empleados del banco, de la sanidad, de la seguridad social, de la hacienda pública, del transporte…, y nos convierten en empleados de la sucursal bancaria, del ambulatorio, de la delegación de previsión social, de la de hacienda, de la de transporte y hasta del supermercado, de los grandes almacenes, de las agencias de viaje y de los hoteles.

La banca, en su ansia por ofrecer más rentabilidad a los fondos de inversión que dominan su capital, cierra sucursales, deja barrios y pueblos sin oficinas, y en donde las mantiene somete al cliente: es decir, al que le presta su dinero sin intereses y a cambio de un servicio, a una serie de torturas que acaban con su paciencia.

Y no, no hablo de la exclusión financiera y de dejar de tener acceso al dinero en efectivo porque han cerrado la última sucursal bancaria del pueblo (ya afecta a 1,4 millones de españoles), sino de que si tienes que ir a la ventanilla hay que hacerlo antes de las once de la mañana, de lunes a viernes; si quieres sacar dos mil euros en efectivo de tu cuenta corriente, en donde tienes más de esa cantidad, te ponen mala cara, te dicen que les avises con antelación y si insistes te lo entregan como haciéndote un favor y como si el dinero fuese de ellos y no tuyo.

Si necesitas hacer una operación que antes se hacía con un empleado que te trataba de usted, te daba los buenos días, te preguntaba cómo estabas y se interesaba por tu mujer (¿qué tal su señora?), ahora te dicen que vayas al cajero de la calle a hacerlo tú. Y si contestas que no sabes, que no utilizas móvil ni ordenador ni estás conectado a internet y que te lo hagan ellos porque para eso les entregas tu dinero sin intereses y te cobran hasta por respirar, ponen cara de marciano, te contestan desabridos que no pueden hacerlo y que lo sienten, y te vas con el rabo entre las piernas y maldiciendo a todo bicho viviente. Y si das con alguien educado y servicial (hasta ahora creía, cándido de mi, que estas cualidades las tenían que poseer todos los trabajadores de cara al público, fueran de empresas privadas o públicas, ¡seré idiota!) y logras que te lo haga y encima con una sonrisa, te deshaces en elogios y rezas para que esté la próxima vez. ¡Como me acuerdo de D. Emilio, de su exquisita educación y de su máxima:”El cliente es lo primero y hay que darle un buen servicio”! Pues ahora hasta para conocer los movimientos de tu cuenta y saber el saldo tienes que bajarte una aplicación al móvil. ¡Ya ni en el cajero automático!

En las oficinas de la Seguridad Social, en el ambulatorio, en la delegación de Hacienda, en la del transporte público, ni siquiera puedes entrar. Un empleado de seguridad te pregunta si tienes cita previa, le respondes que no, insiste en que la pidas, le contestas que no cogen el teléfono y que no usas internet, te mira con mala leche, te toma por tonto de baba, se encoje de hombros, se da media vuelta y te da con la puerta en las narices.  La frase de Larra se ha quedado anticuada: ya no es Vuelva usted mañana, es No vuelva usted más.

En estos tiempos de la dictadura de las infinitas minorías que nos pueblan y atorran, en estos tiempos de la vagancia y la camelancia, no sé por qué no se crea el partido de los mayores de 65 años, jubilados o no, que defienda a esta amplísima franja de la población (más de 20%) que no pide la eutanasia sino el derecho a ser tratado con dignidad, a hablar y dirigirse a seres humanos para formularles preguntas y demandarles servicios, y no a máquinas que te dicen que marques el 1 para tal cosa, el 2 para tal otra, el 3 para esperar, el 4 para desesperar y el 5 para colgar y mandarle al carajo; o depender de otra conectada a la red para entrar en una aplicación que te pide una de las mil claves de acceso que tienes que memorizar o llevar en la chuleta para pagar con tarjeta o con teléfono móvil; saber cuándo puede recibirte el médico; informarte de por qué los servicios tributarios del gobierno central, de la diputación o del ayuntamiento te han cobrado una cantidad que no lleva el concepto; sacar el billete del autobús o reservar mesa para comer. Y esto es solo el principio porque en quince años hasta para salir a la calle tendremos que hablar a la cerradura, después de haberlo hecho con el grifo, la nevera, el microondas y el fogón.

Definitivamente esta es una sociedad de mierda. Que pare, que me bajo.

JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

La selección de las mejores marcas de termómetros

TERMÓMETROS CLÍNICOS

Aquí encontrarás la oferta actualizada de estos dispositivos de salud

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

Lo más leído