LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: «Periodistas, políticos, idiotas y cobardes»

Tengo la impresión de que fue Carlos Herrera quien hizo célebre eso de que ‘en España hay más tontos que botellines’.

Estoy plenamente de acuerdo con la estrella de la Cadena COPE, pero viendo como están reaccionado políticos, periodistas, artistas y supuestos intelectuales al espanto que se abate sobre Afganistán, habría que añadir a los tontos y a los botellines un nutrido contingente de idiotas y cobardes.

Y no sólo en España, sino en todo Occidente.

Anda el personal fascinando, viendo que los jefes de los talibán hacen declaraciones en inglés y eso sólo demuestra que nuestros supuestos expertos, nuestros tertulianos y analistas, ni saben ni se enteran.

Tanto en la paquistaní Peshawar, cuando eran oposición armada, como el Kabul, durante los cinco años -de 1996 a 2001- que estuvieron en el poder, se hartaron de dar ruedas de prensa y todas en correcto inglés.

Hace un par de días, a la misma hora en que miles de funcionarios, profesionales, padres de familia, gays, deportistas e intelectuales, corrían desesperadas hacia el aeropuerto  de la capital, intentando encaramarse a un avión para huir al extranjero, los talibán lanzaron un melifluo y engañoso mensaje a la comunidad internacional.

Su portavoz, el barbudo Zabihullah Mujahid, aseguró que respetarán los derechos de las mujeres “dentro de la ley islámica”.

Pue este miércoles el diario El País se traga esa burda farsa.

El sanchista diario del Grupo PRISA, que tanto presume de feminismo, considera un signo de moderación y un acto de generosidad de los fanáticos de los turbantes, que vayan a permitir a las afganas vivir “según la sharia”.

Para adivinar lo que viene y lo que espera a los afganos, no hay que ser un lince.,

Basta repasar lo que ocurrió durante los cinco años, desde 1996 a 200, etapa en la que visite el país varias veces y tuve ocasión, de primera mano, en vivo y en directo, de comprobar como era de aterrador aquel régimen.

La sharia, en sus formas más feroces, se aplicaba en todas partes, con ejecuciones públicas, lapidaciones y latigazos.

Bandas de justicieros se apostaban en las esquinas, atacando a los hombres que enseñaban los tobillos o llevaban cualquier tipo de ropa occidental.

Al que osaba retocarse la barba, lo azotaban y lo mandaban una temporada a la siniestra prisión de Puli Charki.

Las mujeres sólo se aventuraban a salir de casa si tenían un permiso por escrito de los hombres y, por supuesto, cubiertas con el  omnipresente burka y acompañadas de un guardián masculino.

El ministro de Salud talibán, el mulá Balouch, se quejó de que la Cruz Roja Internacional rechazó su petición de proporcionar cirujanos para cortar las manos y los pies de los ladrones convictos, por lo que tuvo que hacer el trabajo personalmente; aunque parecía disfrutar bastante con ello.

La televisión estaba prohibida. También la música o volar cometas.

Las librerías eran saqueadas regularmente en busca de ilustraciones, y cualquier librero culpable era azotado.

No había electricidad y todos los viernes, a primera hora de la tarde, con los graderíos del estadio de fútbol de Kabul repletos de público, se ejecutaba y mutilaba a granel.

Pues ‘El País’ considera un signo de moderación que las afganas vivan «según la ley islámica».

El socialista Josep Borrell dice que hay que hablar con ellos porque han ganado la guerra y Twitter, que prohibió a Donald Trump el acceso de por vida porque le parecía extremista, le tiene abierta cuenta y le permite lanzar arengas islámicas, al portavoz de los talibanes.

Estamos rodeados de periodistas ignorantes, tertulianos idiotas, políticos inmorales  y gente cobarde.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Los vídeos más vistos

Lo más leído