LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: «Elegimos la vergüenza para no tener más guerra, y vamos a tener guerra y vergüenza»

Se cosecha lo que se siembra. Y hemos empezado a recoger los frutos de la humillante rendición ante los talibanes en forma de horror.

No estoy muy seguro de que los terroristas del ISIS-K, que han reivindicado el doble atentado suicida, que ha dejado al menos 13 marines de Estados Unidos y casi un centenar de afganos muertos a la entrada del aeropuerto de Kabul sean muy distintos de los talibán y, en cualquier caso, su atrocidad sintoniza a la perfección con los propósitos, planes y mensajes de los fanáticos islámicos del turbante, la barba y el kalashnikov.

La carnicería, la primera de una serie, porque vamos a ver muchas más, deja en ridículo a todos los que decían babeantes que el mundo dormiría mejor con Joe Biden que con Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos, no sé si en estado de shock o somnoliento como es habitual en él, apareció para decir que no van a perdonar, ni olvidar e incluso que cazarán a los culpables y les harán pagar por su crimen, pero me cuesta creerlo.

El mismo que ha salido corriendo, encabezando una desbandada que abochorna a Occidente, finge por unos instantes fortaleza y determinación, pero no cuela.

Hace sólo cinco días, un periodista le preguntó si el ISIS era una amenaza real para los soldados americanos y la respuesta de este chapucero, adorado por los progres de todo el mundo, fue darse la vuelta y marcharse.

Un gesto que refleja la catadura moral de este líder flojo y pusilánime. Como retrata a Sánchez el patético show humanitario de los afganos, en el que sin escrúpulos utilizó la base aérea de Torrejón de Ardoz como ‘photocall’ y a los refugiados como figurantes para mostrarse como un líder comprometido con la evacuación tras estar una semana desaparecido en Lanzarote.

En descargo de Biden lo único que se puede decir es que al menos no se puso a reírse histérico, como si ha hecho su vicepresidenta Kamala Harris, cuando también le preguntaron por Afganistán.

Habrá que ver lo qué opinan de esas risas los padres, las madres, las esposas, los hermanos y los hijos de los 13 jóvenes militares cuyos cadáveres vuelan en estos momentos, metidos en bolsas de lona negra, rumbo a territorio norteamericano.

No hay nada más absurdo y desafortunado que ser el último soldado muerto de una guerra y esas 13 bajas, espantosas porque llegan cuando los políticos han dado ya por concluida la batalla, son la consecuencia directa del uno de los perores errores cometidos por Occidente en Afganistán: negociar con los terroristas.

EEUU, Europa, España, la OTAN y la civilización han perdido en Afganistán por incomparecencia.

Elegimos la vergüenza para no tener más guerra, y vamos a tener guerra y vergüenza.

Hasta hartarnos…

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