LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: “Con Sánchez, el PSOE y estos medios de comunicación, lo peor está por venir”

Si no eres uno más de lo que se tragan mansamente lo que sueltan a diario las cadenas de televisión, los periódicos y los tertulianos afines al Gobierno PSOE-Podemos, que son casi todos, y pasas revista a los personajes que deciden cotidianamente sobre nuestras vidas y haciendas, llegas de inmediato a la conclusión de que poco nos pasa.

Que todo podría ser mucho peor.

Germina una peste que envenena el Mar de Menor de Murcia y todo lo que se les ocurre a nuestros supuestos defensores de la Naturaleza, es montar un abrazo kilométrico en apoyo de los peces y crustáceos que mueren asfixiados en masa.

Y el gesto, que es una chorrada infinita, se convierte en la imagen del día en telediarios y portadas.

Se dispara el precio de la luz a un nuevo record y en lugar de exigir responsabilidades a los ineptos que cobran en el Consejo de Ministros, lo que te suministran los medios de comunicación son decálogos y consejos para ahorrar unos céntimos lavando de madrugada o planchando al amanecer.

Y el mismo día que los talibán anuncian que queda prohibida la música, penalizado el vuelo de cometas, castigado con cárcel retocarse la barba, erradicadas las niñas de las escuelas, impuesto a latigazos el burka y sancionada con la muerte la mínima manifestación de humor o libertad, nos sale la socialista Francina Armengol anunciando que en tres colegios de Baleares será obligatorio el estudio de la religión islámica.

Y la ministra de Igualdad, esa Irene Montero que acuñó el lema de ‘sola y borracha quiero volver a casa’, se larga unas declaraciones en las que equipara la situación de la mujer en España con la que sufre en Afganistán.

Y tenemos un presidente del Gobierno, ese Pedro Sánchez que felicita todos los años el Ramadán a los musulmanes, pero no se le ha ocurrido ni recordar en una ocasión que existen Navidad o Semana Santa, que saca pecho, sonríe y dice ‘misión cumplida’, tratando de apuntarse el valor de nuestros pilotos, soldados y guardias civiles extrayendo de Kabul a parte de los afganos que habían colaborado con nuestras tropas.

Un Sánchez que ni se acuerda de los 103 militares españoles muertos allí en acto de servicio y que trata de ocultar que hemos salido de Afganistán a la carrera, con el rabo entre las piernas y derrotados por una banda de cabreros.

Y no me sirve de consuelo que haya tontos en todos lados o que Joe Biden se duerma en las recepciones o mire despectivamente el reloj, como si tuviera prisa, durante el funeral de los 13 marines asesinados.

Abundan los que, en sintonía con la tesis del Gobierno Sánchez, argumentan que no conviene exagerar, que el impacto de las imágenes que estamos viendo no será ni profundo ni duradero.

No estoy tan seguro. No me atrevería a decir que la caída de Kabul, conquistada por los talibán sin pegar un tiro, supondrá un giro en la Historia como lo fueron la victoria de Lepanto sobre los turcos, la derrota de Napoleón en Waterloo o la debacle de las tropas de Hitler en Stalingrado.

Es pronto para saber qué implicaciones tendrá la derrota de la civilización en Afganistán, pero esto pinta muy mal.

Con Sánchez, con este PSOE, con estos medios de comunicación y tanto tonto, lo peor está por venir.

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