LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: «A por ellos, que son muchos y cobardes»

Desempleo, deuda pública, caída del PIB… A la larga lista de entuertos en los que España es líder de la Unión Europea gracias a Pedro Sánchez se suma una más: el precio de la luz.

En los 10 días que llevamos de septiembre de 2021, el coste de la electricidad no sólo ha pulverizado todos los récords históricos en nuestro país, también ha superado a sus homólogos europeos.

Queda claro ahora porque, parafraseando al genial Winston Churchill, decimos en el titular de ‘La Segunda Dosis’ de hoy que cuando el enemigo se equivoca, como ahora Sánchez, no hay que distraerlo.

Me duele que no sea el inicuo indulto a los golpistas catalanes o su chalaneo con los herederos de los terroristas etarras lo que se lleve por delante al mentiroso líder del PSOE.

Al final no van a ser sus traiciones a la Patria, sus trampas e incoherencias lo que acabe con Sánchez, sino su ineptitud, su incompetencia, su incapacidad para hacer frente a la factura de la luz, pero bienvenido sea, porque lo importante es que ese tipo y sus siniestros compinches salgan de La Moncloa y España empiece a recuperar la cordura y la decencia.

Nos quedan sin duda muchos tragos amargos y en los dos años largos que aparentemente restan hasta las próximas elecciones generales es seguro que Sánchez y su cuadrilla perpetraran todavía un montón de tropelías, pero no hay mal que 100 años dure y a la primera, en cuanto podamos votar, los vamos a echar a la calle.

Fiel a ese viejo aforismo español, según el cual todo se contagia menos la hermosura, coincidirán conmigo en que el actual líder del PSOE ha conseguido contagiar de impudicia e inmoralidad todos los que lo rodean.

A estas alturas no hay un solo presidente autonómico socialista, un dirigente del partido o un ministro que se salve de la quema y alguno, como es el caso de Fernando Grande-Marlaska, parecen no tocar fondo.

En cualquier país democrático del mundo, con un presidente digno del cargo, un ministro como Marlaska habría sido destituido hace ya muchos meses.

Toda su gestión, al estilo de la de su jefe, es un rosario de mentiras y abuso de poder.

El mismo que cesó al coronel Pérez de los Cobos, porque se negaba a delinquir, es quien sugirió que detrás de aquellos fantasmagóricos sobres con balas que aparecieron en plena campaña electoral madrileña estaba la ultraderecha.

Sobres de los que cuatro meses y medio después no se sabe nada, porque todo apunta a que fueron un burdo montaje.

Tan falso como la tesis que presentó Sánchez en la Universidad, fue el informe que se inventó Marlaska para intentar colar que no hubo coacciones a los dirigentes de Ciudadanos en la marcha del Orgullo Gay de 2019.

Y falaz ha sido toda su intervención en la falsa denuncia del gay sadomasoquista de Malasaña, donde se esforzó hasta el último instante en alentar su existencia y apuntar a VOX para utilizarla como baza electoral.

Faena que el ministro de Sánchez ha redondeado culpando a los policías, que según él lo tuvieron a oscuras y propiciaron que él se tragase hasta la empuñadura el ‘bulo del culo’.

No hay por donde agarrarlos: a por ellos, que son muchos y cobardes.

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