LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: «Almeida tiene razón, la guerra con Ayuso es un suicidio para el PP»

Alimentar rencillas internas en un momento en el que el PP encabeza todas las encuestas y el socialcomunismo vive un pronunciado declive no parece lo más inteligente.

Y me da la impresión de que no soy el único que lo piensa.

El propio José Luis Martínez Almeida, al que algún listillo he intentado lanzar apresuradamente al ruedo para disputarle a Isabel Diez Ayuso la presidencia del partido en la región de Madrid, lo podía haber dicho más alto, pero no más claro.

Según el alcalde de la capital de España, de quien quizá se puedan decir muchas cosas, pero no que no es un tipo perspicaz e inteligente, la guerra con Ayuso es un suicidio para el PP.

Es muy pronto para saber si Almeida se desmarca de Génova 13 o si se ha encendido la luz en la dirección popular y los que mandan de verdad que son Pablo Casado y Teodoro García Egea, han dado orden de bajar el pistón, y quitan hierro a la guerra contra Miguel Ángel Rodríguez y sus cuates, para no darse un tiro en el pie.

Esa pelea de patio de colegio, por la presidencia del PP en Madrid –puesto que por lógica debería ocupar Ayuso- sólo beneficia a quienes están despeñando España y especialmente a Sánchez, que mientras tanto sigue a los suyo que es vender España a trozos, para seguir durmiendo en La Moncloa en máximo tiempo posible.

Desde hoy, las componendas de Sánchez con los dirigentes separatistas de Cataluña han quedado institucionalizadas en una mesa bilateral, que es un insulto a la Constitución y una afrenta a todos esos catalanes que se sienten ante todo españoles y a los que el líder socialista ignora.

Si una foto vale más que 1.000 palabras, la que se hizo hace unas horas Pedro Sánchez a la entrada del Palau de la Generalitat, vale un millón.

El presidente del Gobierno llegó a la puerta y allí, serio como una momia, se inclinó respetuosamente ante la única bandera con la que se dignaron a recibirle Pere Aragonés y los suyos: la señera de las cuatro barras.

De la rojigualda, ni rastro. No sé si esa ausencia me tranquiliza o inquieta, pero parece significativa.

Iban en la comitiva del líder del PSOE, el enredador Félix Bolaños, la podemita Yolanda Díaz; la portavoz Isabel Rodríguez, y el bailón Miquel Iceta, a quien según los presentes se le ha puesto cara de general Giap, el pequeño y rechoncho estratega comunista, que pilotó las negociaciones que concluyeron con la salida de EEUU de Vietnam, al final de la Guerra.

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