El Correo de España

Eduardo García Serrano: «Henri Parot no es el único hijo de puta»

En España hay tantos que su censo es tarea de cíclopes

Eduardo García Serrano: "Henri Parot no es el único hijo de puta"

Henri Parot no es el único hijo de puta de este minué repugnante de homenajes autorizados porque un juez de la Audiencia Nacional dice ser incapaz de barruntar qué va a suceder en un akelarre de asesinos.

Es verdad que en España la Justicia (¡qué eufemismo!) es ciega. Siempre ciega a favor de los mismos, y ciega, sorda y cobarde en contra de los mismos.

El mismo gallinero de jueces que avala la destitución del Coronel Pérez de los Cobos por negarse a acatar una orden ilegítima e ilegal de Marlaskón, le da el plácet al homenaje a Henri Parot, el hijo de todas las putas habidas desde la bíblica Babilonia hasta los burdeles abertzales, en los que socialistas, comunistas y separatistas de fuero, chapela y sacristía se follan a España sin pagar.

Al revés, es la putaespaña, como ellos la llaman, la que les paga con largueza y generosidad.

No, Henri Parot no es el único hijo de puta.

En España hay tantos que su censo es tarea de cíclopes.

No hay algoritmos para contarlos, ni escribas para registrarlos, aunque muchos de ellos se hayan dejado ver, desgarrados y llorones como damas catequistas ofendidas, abriéndose paso a codazos en las contramanifestaciones del homenaje al hijoputa de Parot.

El asesino festejado está de sangre hasta los zancajos, y muchos de los que han acudido al contrahomenaje de la bestia etarra están cubiertos de vergüenza y deshonor por su cobardía y colaboración con ETA cuando estuvieron en el poder, al que llegaron a lomos de la mentira electoral consciente de que iban a acabar con el Proceso de Paz de Zapatero.

Y, efectivamente, lo acabaron.

Lo acabaron tal y como Zapatero quería, no como nos habían prometido que lo harían.

Abrieron las jaulas de los etarras de par en par y salieron los asesinos en manada con las bendiciones de Rajoy. Bueno, pues los que soltaron a Bolinaga y acercaron a centenares de criminales a los pucheros de los miserables cocineros vascos, con y sin estrellas Michelín, porque estaban, ¡pobrecitos!, muy cerca del gazpacho y demasiado lejos del marmitaco de su puta amachu, acudieron prestos a lloriquear contra el homenaje a Henri Parot.

Ellos, los que soltaron a Bolinaga. ¿Queréis el censo de esos otros hijos de puta? Pedídselo a José Antonio Ortega Lara y a Francisco José Alcaraz. Se los saben de memoria.

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