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Carlos Dávila: «Amaina la tormenta de Madrid»

De aquí a ese Congreso, el PP va a dedicar atención preferente a una serie de provincias, la mayoría situadas en el arco mediterráneo

Carlos Dávila: "Amaina la tormenta de Madrid"

O eso parece. Lo curioso es esto: unos y otros coinciden en lo obvio, y lo obvio es textualmente que “la refriega no nos viene nada bien”. Fuera de esa incontrovertible sentencia existe otra que no entiende cualquier analista imparcial del centroderecha español: cada una de las partes afirma, solemne, que “yo no he empezado esta pelea”.

Sin embargo, ambas guardan razón porque la riña la han empezado los dos, simultáneamente. Ahora los truenos de las declaraciones han bajado en decibelios, pero siguen los movimientos pegados a la tierra de quiénes están sentados al lado de una, Ayuso y otro, el PP nacional. Estos relámpagos sí que no paran. Hace unos días, Casado, que está huyendo como de la lava de La Palma, del conflicto, transmitió la siguiente orden: “Hablad y me traéis la solución”. Matando fechas es lo mismo que en su momento hizo Mariano Rajoy para ensayar la convivencia entre dos fieras políticas: Esperanza Aguirre y Gallardón. No eran precisamente animales de compañía. El presidente nacional desde luego no está dispuesto a perecer en este intento. Su cronograma es, más o menos, el siguiente: primero, Convención de Valencia, con veinte o más presidentes y ex presidentes extranjeros; segundo y muy a continuación, una operación política de gran calado que debe terminar con la eliminación práctica de Ciudadanos, hasta el punto de evitar que este partido, ya marginal, se presente con lista propia a las próximas elecciones; tercero, presentación de un equipo multidisciplinar ajeno al propio organigrama del partido, con colaboradores como por ejemplo Manuel Pizarro, imprescindible para cualquier alternativa rigurosa al socialismo, José Vicente de los Mozos, Renault, o José Abad, un enorme ejecutivo que se las sabe todo y de todos los sitios.

El tercer acto se inaugura precisamente el día 3 de octubre en la Plaza de Toros de Valencia, que ya tiene, en lenguaje taurino, “todo el aforo vendido”, o sea, repleta hasta la bandera. Hay quien califica este acto como el nacimiento icónico de un nuevo PP renovado que aspira a ganar las venideras elecciones generales. Y por cierto, y a este respecto, y aunque se trate de decolorarlo, existe una evidente impresión que, por lo que parece, van a adelantar las muy cercanas encuestas. La refriega le está restando al PP no menos de un punto en unos sondeos que estaban disparados y ahora se han quedado en electroencefalograma plano. Valencia es por tanto, un pivote sobre el que se quiere solventar este pequeño, pero singular, descenso en la expectativa de voto. Las presencias antedichas son muy trascendentes en Valencia, pero alguna ausencia, anunciada sin miramientos, ha trastocado incluso el protocolo del festín. Hablamos de la renuncia de Cayetana Álvarez de Toledo. Desde luego, ella no ha nacido y se ha introducido en las aguas procelosas de la política para formar parte de la claque de los aplaudidores sin reparos. Ciertamente en Génova, la sede que será abandonada, según todos los pronósticos, en el próximo diciembre, la espantada de la que fue portavoz, no ha sentado nada bien.

Antes de Navidad también deben celebrarse cuatro congresos regionales de suma importancia: Castilla y León, Canarias, Aragón y Andalucía. En alguno de estos territorios se está especulando con elecciones autonómicas anticipadas, quizá con alguna precipitación. Fíjense: es la región de Mañueco, presidente castellanoleonés, donde la posibilidad del adelanto está más cerca. Ciertamente la convivencia entre los dos partidos coligados, PP y Ciudadanos, está llegando a su fin, porque el afán de protagonismo exacerbado del vicepresidente Egea y de la consejera de Sanidad, está colocando al jefe popular en continuos bretes de los cuales cada vez es más difícil salir. Pero no se pierdan tampoco el caso de Baleares. En las islas empieza a sonar positivamente el nombre y apellido de la nueva presidenta del Partido Popular, Margalida Prohens, una licenciada en Traducción e Interpretación, máster también en Comunicación. ‘Marga’ ha recibido un partido quebrado por el eterno mantra de catalán sí, catalán, no, y parece tener la habilidad para reconducirlo a la buena sintonía con la dirección de Casado.

Casado, si no ocurre una catástrofe en forma de expansión volcánica de caracter político, será reelegido presidente nacional del PP en el Congreso Nacional que se celebrará el 21 de junio de 2022. Allí -lo anticipamos- habrá llanto y crujir de dientes en algunos que se creen con silla sempiterna en la dirección, y ovaciones renovadas para un conjunto de jóvenes que, como en el caso de la balear Prohens, han viajado desde las Nuevas Generaciones, a una posición bastante decisiva en los proyectos de su presidente, también antiguo alumno de esas Generaciones.

De aquí a ese Congreso, el PP va a dedicar atención preferente a una serie de provincias, la mayoría situadas en el arco mediterráneo, que son las que, en definitiva, deparan votos y escaños en la noche de las elecciones. Esta vez los comicios regionales serán todavía más importantes que nunca porque señalizarán al siguiente jefe de Gobierno. En todas estas circunscripciones la batida y posterior exclusión de Ciudadanos va a ser fundamental para las aspiraciones del PP. Como del enemigo es bueno seguir el consejo, lean lo que Iván Redondo, el zascandil mayor del Reino, le dijo no hace mucho tiempo a un alto directivo de Casado: “Si Ciudadanos no existe, entonces volverán al PP más de millón y medio de votos”. ¿Será que, como ya se ha apuntado, Redondo, se ha aproximado a Génova por ver si encuentra una oportunidad de contratación? No lo desdeñen: es un mercenario, cuya consultoría, según ha publicado ya este periódico, se ha cobrado en los años que ha permanecido su dueño en la Moncloa, casi un cuatrocientos por ciento más de lo que facturaba anteriormente. Esto no son puertas giratorias, son sillas muy ocupadas a base de dinero público. Una auténtica desvergüenza. Quizá se desvelen los detalles en el libro de Félix Bolaños que está próximo a salir a la calle.

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