A propósito de lo que en estos momentos pueda estar pasando por la cabeza de Putin, me he retrotraído a mis años de juventud, donde en las iglesias católicas se rezaba por las intenciones del Papa (que se presuponían buenas), y por la conversión de Rusia al cristianismo.
Lo que son las cosas, y las volteretas que da la vida. Hoy, muchos años después, he rezado por las intenciones de Putin (para que sean buenas) y, ya de paso, por la conversión del papa Francisco. Lo mismo de antaño, pero al revés.
Ya sé que es mucho pedir, pero para Dios no existen los imposibles.

