impuestos sobre el tabaco

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En 2020 el Estado español recaudó 9.000 millones de euros

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¿Quiénes son las autoridades sanitarias que advierten que fumar perjudica seriamente la salud? Porque la verdad es que eso de ´las autoridades sanitarias´, al igual que los tan famosos comités de expertos, me suena a anónimo, a ´ente´ extraño y amenazador que emplea el plural para no dar la cara. Suena a tirar la piedra y esconder la mano.

Me recuerda aquella pobre paranoica que cuando alguien le preguntaba qué era aquello que tanto le aterrorizaba, la chiflada, siempre –tras mirar a derecha e izquierda con ojos de loca– bajaba la voz para silbar un casi inaudible: “ELLOS”… son “ELLOS”.

Lo cierto es que a un servidor no le causa el mínimo temor esa anónima autoridad embozada y misteriosa; todo lo más que me produce es cabreo y mala leche, amén de arcadas morales por el cínico moralismo de ´esas´ desahogadas y frescas autoridades. Veamos el porqué.

Sabemos que esa famosa y embozada autoridad, cual Guerrero del Antifaz, se lo pasa bomba buscando imágenes, a cual más repugnante, de autopsias de cadáveres, con las que dar un toque de color a los paquetes de cigarrillos, al tiempo que PERMITE y hace la vista obesa ante toda la variada cochinería adictiva que los fabricantes de pitillos añaden a sus productos, con el fin de ´fidelizar´ -más aún si cabe– a sus pillados clientes.

Esas Autoridades Sanitarias que presuntamente toleran que los cigarrillos que actualmente se comercializan, contengan la mitad de tabaco auténtico del que contenían los fabricados hace cuarenta años, en la época de la innombrable ´Oprobiosa´, permiten presuntamente -por omisión- que los fabricantes añadan entre 400 y 600 sustancias para ´enganchar´, más aún, a los consumidores.

Según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT, fundado y formado por profesionales del mundo de la sanidad junto a diversas asociaciones ciudadanas), los derivados del amoníaco líquido (producto base de los limpia cristales) se usan profusamente desde los años sesenta para potenciar la adicción del tabaco. El amoníaco aumenta el PH (alcalinidad) de la nicotina, y eso se traduce en un mayor impacto a nivel cerebral. Así mismo aseguran que si los cigarrillos no tuvieran elementos suplementarios, resultaría menos complicado dejar de fumar.

La CNPT critica, además, que ni en España ni en la Unión Europea esté regulado el empleo de aditivos en el tabaco, ya que solo hay una normativa en relación con los niveles admitidos de alquitrán, nicotina y monóxido de carbono. Esto favorece a que «LA IMAGINACIÓN DE LOS FABRICANTES AL RESPECTO, LLEGUE TAN LEJOS COMO MARQUEN SUS AMBICIONES COMERCIALES».

Eso es lo que hay, pero además, después de haber visto el escándalo que hubo en el caso de la Gripe A, en el que altos cargos de la Organización Mundial de la Salud presuntamente recibieron dinero de una multinacional farmacéutica a cambio de emitir informes falsos, gracias a los cuales dicha multinacional se enriqueció hasta la saciedad, a costa de la ola de pánico creada en el Mundo por la propia OMS, es por lo que cada vez que oigo hablar de “AUTORIDADES SANITARIAS”, instintivamente mi mano busca un garrote. Del covid-19, me reservo la opinión.

Pero volviendo al tema principal que nos ocupa, la pregunta que cabría hacerse es si realmente las celebérrimas AUTORIDADES SANITARIAS desean que dejemos de fumar, o todo es un paripé para cumplir con la farisaica cuota de los gestos ´políticamente correctos´. La respuesta a esta simple pregunta comenzamos a intuirla cuando conocemos que de un paquete de cigarrillos que en 2012 costaba 4 € en estanco, el Estado se llevaba alrededor de 3,2 €, mientras que el fabricante y el estanquero recibían entre los dos, unos 80 céntimos. Blanco y en botella.

En 2020 el Estado español recaudó 9.000 millones de euros en impuestos sobre el tabaco.

Lo que tienen que hacer las AUTORIDADES SANITARIAS es prohibir a los fabricantes añadir sustancias adictivas a los cigarrillos. ¡Ah!, y con respecto a las pomposas y engoladas ADVERTENCIAS, junto a las repugnantes fotografías,  que se las metan por el recto.

Soy fumador, y ojalá no lo fuera. Si el Estado no hubiese permitido, y siguiese permitiendo que las empresas tabaqueras añadiesen, artificialmente a la nicotina natural de la hoja del tabaco, todo tipo de adictivos de origen químico, posiblemente ya hubiese dejado de fumar hace años.

«EL PUEBLO ADVIERTE A LAS AUTORIDADES, QUE TOCAR EN DEMASÍA LOS TESTÍCULOS A LOS CIUDADANOS, AL FINAL PUEDE SER PERJUDICIAL PARA LA SALUD DE LOS TOCA PELOTAS». Y si no que se lo pregunten a Luis XVI y a su corte de empolvados ´mamoncetes´.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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