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Si de la noche a la mañana cortarán para siempre todas las telecomunicaciones, entiéndase radio, televisión, telefonía móvil, fibra óptica, wifi, internet, así como sus derivados: correo electrónico, redes sociales, whatsapp, messenger, etc., veríamos como muchos de los que hoy se declaran celosos amantes de la soledad, les faltaría tiempo para salir corriendo a la calle y ponerle los cuernos, con el primero que pase, a su amada Soledad.
La soledad física puede ser agradable de llevar. Pero si a ésta le sumamos la soledad virtual, nos encontraremos con la soledad desnuda; ésa que muy pocos son capaces de soportar.
Planificamos nuestras vidas con arreglo a las cartas con las que nos ha tocado jugar en el gran casino de la vida. Y en el devenir de las cosas, jugamos. Nos enamoramos, nos desenamoramos y nos volvemos a enamorar, de la misma persona… o de otra… y vivimos; y reímos y lloramos; y en las horas de soledad, desde el Infierno, al Cielo le contamos cómo nos va.
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