Perros homínidos en Mollina

Perros homínidos en Mollina

En aquel pueblo de la comarca de Antequera con algo más de 5000 habitantes, compuesto por colonias de ingleses, temporales de la periferia y mollinatos, es muy plausible que habitada su sierra desde el Neolítico, y por los acontecimientos actualmente suscitados, aun exista una especie de homínidos desconocida para otras civilizaciones y en proporciones muy limitadas.

Se les reconoce por su aspecto similar al Orrorin tugenensis, y por su comportamiento incívico. Suelen encontrarse en viviendas muy cercanas unas de las otras (algunas por su aspecto parecen cavernas), donde se les identifica por el gran número de animales que conviven con ellos. En su mayoría suelen ser perros, a los que veneran con gran dedicación, aunque los alojen en patios interiores a la intemperie, y/o en limitados habitáculos insalubres ocultos en el interior de ellos.

Pero para compensar les dejan ladrar hasta altas horas de la madrugada, repetidamente y sin descanso, sobre todo por la noche, para que el intenso ladrido en el silencio nocturno traspase cualquier ventana blindada, y toda especie cívica, tenga conocimiento que su especie homínida es la bravía por antigüedad.

Recuerdo como por mala suerte del destino, adquirí una vivienda cerca de sus cavernas e intente profesarles, que los perros no pueden tener más derechos que los humanos, y que alojar siete, once, quince y más perros en una vivienda, no sacarlos a pasear, dejar que hagan todas sus necesidades en la misma, no retirar los excrementos, dejarles solos muchas horas y en ocasiones días, y mantenerlos en condiciones deplorables, seguramente sea la causa que no cesen en ladrar durante las 24 horas del día, y en el caso que no fuere, no les hace más originarios que les dejen ladrar incansablemente.

Además, inocentemente tuve la insolencia de explicarles que existe una Ordenanza General Municipal De Convivencia Ciudadana en Mollina, concretamente donde se sancionan los ruidos originados por la actividad directa de animales y que cuando existe la norma es porque existe una conducta incívica reiterada.

Pero nada, me fue literalmente imposible, pues cuando intentas dialogar con el homínido, recurren a su intelecto, raudamente se reúnen en manada, y te miran como un ser de otro planeta que ha venido para subyugarles. Lo curioso de todo ello, es que cuando acabas en estado de ansiedad por estar soportando los 365 días del año y las 24 horas del día los ladridos de los perros homínidos, y decides que quizás la Policía Local (que dicho sea de paso, son muy efectivos) sea la solución y procedes a su llamamiento, cuando el vehículo policial a templada velocidad pasa cerca de las cavernas, esos homínidos bravíos, parecen engullir de un golpe a todos sus perros, causando un fugaz silencio, que me hace dudar si realmente son tan bravíos y de su inteligencia temporal.

Espero que esta especie homínida se encuentre en rápido periodo de extinción pues a ver quién es el atrevido que le explica lo que es un juzgado, un abogado y procurador, aunque cuando hablas del bolsillo, ese lenguaje lo entiende hasta el animal más lechal.

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