CUMBRE DE LA OTAN

Finiquitada la Cumbre de Madrid: ¿y ahora qué? (II)

ÉXITO ORGANIZATIVO Y CONTROVERSIAS EN EL AIRE

 El Debate El logotipo de la Cumbre de la OTAN en Madrid
El Debate El logotipo de la Cumbre de la OTAN en Madrid. PD

Como el resto de las cumbres de la OTAN anteriores, la de Madrid representa un punto y seguido, Concepto Estratégico incluido, que deberá dar paso a hechos concretos, algunos de ellos ciertamente relevantes

No cabe duda de que el gobierno español, y gran cantidad de medios afines, han hecho de la aprobación en Madrid del nuevo Concepto Estratégico (CE) de la OTAN una especie de amasijo de propaganda y desinformación ciertamente notable. Solo ha faltado como colofón que explicasen su génesis por un acto volitivo de Moncloa, que habría redactado sus párrafos más importantes.

Decía de amasijo, porque los esfuerzos por retorcer los argumentos, en especial el referente a Ceuta y Melilla, y su presunta cobertura por la OTAN, han sido ciertamente patéticos y presididos por un desorden y falta de coherencia asombrosos, encontrándonos con que nos han querido introducir por la puerta trasera de un CE, que no deja de ser un documento de segundo nivel en comparación con el Tratado de Washington de 1949 (fundacional), una presumible conclusión positiva que claramente no se deduce de este último, auténtico frontispicio de la Organización. Así lo expusimos en estas mismas páginas en fecha tan temprana como el 16 de marzo pasado, en que nadie hablaba del tema, y así lo exponemos hoy.

En primer lugar, debemos entender que el Tratado de Washington no obliga a intervenir a las partes en ayuda de otra parte que invocase la defensa colectiva. No obliga. Y vayamos por partes. Los artículos fundamentales al respecto, son el 4, el 5 y el 6. Recordemos su contenido.

El artículo 4 establece que “las partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes fuere amenazada”. Se consultarán. Nada de intervendrán automáticamente ni cómo. El artículo 5 es capital porque en él se especifica que “un ataque armado… acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas…”, y cada una de las partes adoptará “las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada…”. El ataque debe ser armado, y las medidas que cada uno adoptará serán las que juzgue necesarias, es decir, puro voluntarismo. Pero es que, además, queda muy claro que el ataque armado debe haberse producido en Europa o América del Norte. Ceuta y Melilla, territorios tan españoles como Cuenca y Oviedo, no están en Europa.

Ya en el 6, el de la zona geográfica en que se aplica el artículo anterior, se reitera que el ataque armado debe producirse “en Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia, contra el territorio de Turquía o contra las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las partes en la región del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer”. Este último punto incluye al archipiélago canario. Es de notar que la referencia a Argelia quedó sin sentido en 1962 cuando la independencia de este país, y la de Turquía se incluyó expresamente en 1952 cuando ingresó en la Organización. La segunda parte del artículo 6 incluye a las fuerzas, buques o aeronaves de las partes que estén en los territorios anteriores… o en el mar Mediterráneo o en la región del Atlántico Norte, al norte del Trópico de Cáncer”. No en África. Claro y meridiano.

Así que, por favor, dejen las milongas de “imagino”, ”pienso”, “sería de esperar”, “no sería de descartar”, etc, para otros bailes. En lo referente a la defensa nacional hay que ser muy serios. Se trata de modificar el Tratado de Washington, como se hizo en 1952 para Turquía, incluyendo expresamente a todo su territorio nacional, aunque la mayor parte esté en Asia. Ese es el camino para incluir a Ceuta y Melilla bajo el paraguas de la OTAN, y no voluntaristas, supuestas y ficticias interpretaciones de un CE que en unos años será papel mojado. Si no son capaces de hacerlo, díganlo, podríamos entenderlo, pero déjennos ir unos días de vacaciones sin la certeza de que, también en esto, nos han tomado por estultos del montón.

En otro sentido, es de agradecer que el CE haya hecho mención de la preocupación por el Sahel. Digo que es de agradecer porque si nos vamos al CE de 1999 aprobado en Washington con motivo del cincuenta aniversario de la Organización, la palabra África ni siquiera aparecía. Solo un párrafo al manido “Diálogo Mediterráneo”, que debió ser algo muy importante pero nadie podría decir exactamente en qué consistía o, más exactamente, qué produjo. Ahora la OTAN está preocupada por el Sahel y viene a afirmar que hará un acercamiento con Mauritania. Es de cajón. EEUU tiene así controlada toda la fachada europea y africana frente a sus costas, cuestión que también trata de hacer desde hace más de siglo y medio con la asiática. Encontrarse en el centro, entre dos fachadas seguras, deseo que responde exactamente al mismo de Alejandro cuando invadió el Imperio Persa en el siglo IV a.C. Nada nuevo bajo el sol.

Pero, para España es vital esta nueva “preocupación” por el Sahel, siempre que se traduzca en hechos reales. No solo la consolidación de Mauritania como aliado, hecho que puede ser muy relevante, en particular, para la vida diaria de Canarias; sino no dar por perdidos a otros países como Mali –situación muy complicada para el autodenominado Occidente con la presencia de los wagnerianos rusos-, Burkina Faso, Níger, Chad, Sudán y la misma Libia. Todos estos países son susceptibles de ser controlados, o ya lo están siendo, por la Federación Rusa, aparte de que ponen en contacto a los superpoblados países del Golfo de Guinea con la orilla mediterránea. Ello, sin olvidar las ingentes cantidades de recursos energéticos que atesoran estos últimos. Una presunta desestabilización de esta región provocaría unas corrientes migratorias no vistas hasta ahora que aparecerían en Marruecos, Argelia o Libia como salidas naturales. Y Putin lo sabe, así que…

Se ha dicho hasta la saciedad que esta consideración sobre el Sahel no es más que una compensación al sur de Europa por el desplazamiento del centro de gravedad de la Alianza hacia el norte, tras la admisión de Finlandia y Suecia. No lo creo así, pero los hechos darán y quitarán razones. Si el Sahel solo requiere “preocupación”, estamos servidos. Porque el Báltico va a ser un avispero si Putin gana la guerra de Ucrania. Aquí nos podemos encontrar con que la OTAN debe defender a unos países que no han ingresado aún en ella. Un nuevo mecanismo no muy bien engrasado hasta ahora. Desafío importante.

Traducción: a España se le multiplican los escenarios y los retos, de forma que no tienen casi nada que ver en esencia y en número con los de hace pocos años. O se amplían las fuerzas armadas y se dotan según los nuevos requisitos, o el estrés en defensa será insuperable. Ya hablábamos ayer de presupuestos, pero es necesario, además, parar un momento y pensar con seriedad si no hay que ir recogiendo flecos de lares ya extintos, como Turquía o Líbano, por citar dos ejemplos. Ambos representan un esfuerzo muy importante que viene a contrapié hoy día. EEUU y Alemania ya se retiraron de la misma misión que la de España en Turquía hace años, mientras que nosotros seguimos allí aportando una protección anti aérea que no sobra precisamente en nuestra domus, contra un enemigo inexistente, y reforzando las capacidades de un país que las tiene en mayor abundancia que nosotros. Y en Líbano, son ya quince años aferrando en esta misión a importantes contingentes que podrían tener un mejor empleo en la preparación y ejecución de lo que viene. Se conoce que en la zona del rio Litani (sur de Líbano) hay enfrentamientos importantes desde, al menos, quince siglos a.C. ¿Hasta cuándo tenemos previsto seguir allí en una misión de NNUU, que podría cumplir cualquier otro país no tan exigido como empezará a estar el nuestro?

Debo ir finalizando. La visión de la Cumbre sobre la situación en Ucrania me ha parecido obscena. Se le dará apoyo de manera indefinida en tiempo. Pero Putin está ganando la guerra, o mejor dicho, su guerra. Tiene el Donbass prácticamente ocupado y solo le quedará la estrecha fachada de Odesa, que, a voluntad, atacará o no, según sus deseos. Porque cuenta, desde el principio, con libertad de acción, aparte de voluntad de vencer. Si a eso le sumamos la capacidad de ejecución que le permite su abrumadora superioridad de fuegos tanto a nivel táctico como estratégico en profundidad, poco tiene que hacer Ucrania. Para colmo, los países que le proporcionaban armamento de la época soviética, que son los que saben manejar los militares ucranianos, están quedándose sin remesas. No creeré en la posible victoria de Ucrania salvo que comencemos a ver material occidental de defensa aérea, ataque aéreo y más inteligencia, manejados por éstos. Por supuesto, no lo descarto, pero los plazos de tiempo son ya acuciantes de forma que estamos hablando de algunas semanas. No en vano Zelenski pidió en la Cumbre armas, no solo comprensión. Si Putin se considera victorioso a corto o medio plazo –el tiempo para él no discurre igual que por aquí-, vienen curvas muy pronunciadas, también con una visión de 360 grados, como la que preconiza el CE de la OTAN recién aprobado.

La inclusión de China como “poco amigo” –expresión mía- es un error, a priori. Emulando a Yamamoto en Pearl Harbor, diría que no hemos hecho más que despertar a un gigante; pero la intención inicial parece clara para que comencemos a acostumbrarnos al Pacífico, área que no está en Europa ni en América del Norte, pero que conviene a EEUU. Y EEUU no es España. Sencillo. ¿Veremos pronto a fragatas españolas en el Mar de la China Meridional? Le dejo a Vd. la respuesta. Carpe diem.

Jacinto Romero Peña

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