Más allá del hielo y el fuego, dirige al océano tu mirada; dirige tu alma hacia ese mar en calma.
Y cuando la oscura noche nos parezca interminable, y en nuestros ojos dolidos ya no queden lágrimas, alúmbranos el camino para que también nosotros podamos llegar a ese lugar sin nombre, donde no existe la noche, el Sol nunca se esconde, y sobran las palabras.

