A veces no sabemos si el despertar diario es realmente el final o el comienzo del sueño, a veces pesadilla, que nos arrastra hasta un escenario que no por conocido deja de asemejarnos extraño.
Y es que a veces, durante nuestras representaciones diarias en el gran teatro del Mundo, vislumbramos durante una milésima de segundo, la interinidad del personaje que nuestro espíritu encarna; ese mismo espíritu que, en aquello que llamamos sueño, rebelde escapa.
Hoy ha vuelto a suceder. He despertado temprano, y antes de abrir los ojos, durante unos segundos, me he sentido a gusto y tranquilo, pero sin saber quién era, ni dónde estaba.
No recordaba ni tan siquiera mi nombre, pero tampoco me importaba. Estaba en un mundo en donde el nombre no tiene importancia; ni el hambre ni la miseria, ni la gloria de las medallas.
Estaba en paz y mi alma descansaba, cálida de un amor extraño, envuelta entre sábanas. Nada me interesaba, tan solo el prolongar por más tiempo el disfrute de esa memoria ausente y callada, antes que saliese el Sol poniendo punto final a mis ¿sueños? de madrugada… Pero sé que no soñaba.
Ahora me pondré en marcha, y tras repasar brevemente el guión, encarnaré el personaje que me espera subido a las tablas del escenario que indiferente aguarda.
Y ahora espero que de nuevo pueda perder la memoria y ser yo mismo, aunque tan solo sea durante unos instantes, mientras vivo que no soy nada; ni cuerpo ni alma enclaustrada; tan solo un espíritu libre que espera ansioso el momento, en el que pueda reemprender el largo camino de regreso a casa… Tal vez mañana.
NOTA: Dedicado a todos aquellos espíritus libres que en algún momento de sus vidas, han despertado sin recordar quién eran, ni dónde estaban, para a continuación sumergirse en el sueño de la vida humana; agridulce compendio de miedos y esperanzas, de risas y lágrimas; de asignaturas pendientes que como amargos cálices amenazantes, bajo el Sol nos aguardan.

