“Liberté, Égalité, Fraternité”

El manifiesto

Un efímero brindis al sol, tal vez por haber nacido ahogado en sangre, apuntando maneras y marcando el camino a lo que habría de venir

El manifiesto

«El anarquismo ha muerto, ¡larga vida a la anarquía! Ya no necesitaremos más el bagaje del masoquismo revolucionario o de la autoinmolación idealista; o de la frigidez del individualismo con su desdén por la convivencia, por el vivir juntos; o las vulgares supersticiones del ateísmo, del cientifismo y el progresismo del siglo XIX. ¡Tantos pesos muertos! Las mohosas maletas proletarias, los pesados baúles burgueses, los aburridos portamantas filosóficos ¡por la borda con ellos!».

Estas palabras escritas por el poeta estadounidense Hakim Bey, son como una bocanada de aire fresco para las almas libres que aún confían que la Humanidad escriba un día su destino, en un mundo mejor que este, una vez liberada del lastre materialista que la corrompe y tiraniza, con la cómplice anuencia de unos y el cobarde silencio de otros.

Un mundo mejor en el que encontraremos la paz y la libertad que la manida “Libertad” de los hombres, históricamente nos ha negado, dejando el famoso lema “Liberté, Égalité, Fraternité” en un efímero brindis al sol, tal vez por haber nacido ahogado en sangre.

Poco que ver con la pureza incruenta de aquel evangélico mensaje que nos hace a todos iguales, que nos hace a todos hermanos [Mateo, 23: 8-12.], libres de reglamentos, maestros y gurús y ´grandes hermanos´, basado todo en la propia revolución personal que será el muro de contención frente a las torticeras dictaduras de iluminados y visionarios mesiánicos, así como frente a cualquier tipo de organización política o religiosa que lo único que han procurado hasta la fecha es, amén de dividir a las personas, el engorde y mantenimiento de sus respectivas castas y privilegios.

Será el triunfo del libre albedrío con que Dios creó al hombre. La consagración de la auténtica Libertad desde el respeto a la libertad de los demás, en una fraternidad universal libre de la tiranía opresora y asfixiante de los Estados y sus perros.

En esta vida me ha gustado tan poco mandar como que me manden, por lo que siempre he sido y seré un grano en el culo de una sociedad basada en mucha palabrería y una realidad: Los que mandan y los que obedecen.

El enquistado problema de la Humanidad desde los albores de la civilización, es que aquellos revolucionarios de salón y pasillo que han arremetido y siguen arremetiendo contra los que tienen el poder, es simplemente para poder mandar ellos y continuar enseñando a las nuevas generaciones, ya desde niños, no a comprender, sino a obedecer… a temer. La cultura del miedo al todopoderoso dios Estado.

La pocilga siempre es la misma, tan solo cambian los cerdos que se matan y matan por mandar; y a estos, no les hables de amor, ni les eches margaritas, porque no te entenderán y revolviéndose contra ti, harán lo único que saben hacer: gruñir y pisotear, como dueños de un mundo donde ya no caben los poetas; ni los poetas queremos estar.

“Liberté, Égalité, Fraternité”, un efímero brindis al sol, tal vez por haber nacido ahogado en sangre, apuntando maneras y marcando el camino a lo que habría de venir.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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