CUANDO LOS HIJOS DE DIOS SE UNÍAN A LAS HIJAS DE LOS HOMBRES Y ELLAS LES DABAN HIJOS

El rostro de Eva

Al final, la teoría de Darwin sobre el origen del hombre no deja de ser más que un acto de fe hacia un hombre que carecía de ella

El rostro de Eva

“Todos los hombres y mujeres de la Tierra, sean de la raza que sean, son descendientes directos de una misma y única mujer que apareció en nuestro planeta entre 99.000 y 148.000 años, y a la que los científicos han bautizado con el nombre de Eva…”.  Hipotéticamente.

En España, el sistema educativo vigente da como válido y políticamente correcto, el sistema evolucionista de Darwin, frente al sistema creacionista relatado en la Biblia.

Para los seguidores de Darwin el hombre es una evolución de una especie de simio, mientras que para los partidarios del sistema creacionista, el hombre fue creado por Dios.

Lo cierto es que, desde que Darwin publicó su célebre y controvertido libro “EL ORIGEN DE LAS ESPECIES”, el mundo científico se ha vuelto loco buscando el famoso eslabón perdido entre el hombre y el mono, que demuestre la validez de las hipótesis de Darwin y sus ´palmeros´.

Pero el eslabón perdido sigue sin aparecer a pesar de los cutres intentos de algunos científicos de falsear descaradamente pruebas, para intentar demostrar con engaños, lo que las pruebas de laboratorio han negado hasta la fecha: la existencia del eslabón perdido entre el hombre y el mono, sin el cual la teoría de Darwin sobre el origen del hombre no deja de ser más que un acto de fe hacia un hombre sin fe.

Pero miren ustedes por dónde va y resulta que la moderna ciencia genética, ha rastreado el ADN humano demostrando que todos los hombres y mujeres de la Tierra, sean de la raza que sean, son descendientes directos de una misma y única mujer que apareció en África Oriental entre 99.000 y 148.000 años, y a la que los científicos han bautizado con el nombre de Eva.

Este descubrimiento ha resultado incómodo a una parte de la comunidad científica, como también lo resultó en su momento cuando se descubrió que el Universo ni es eterno, ni siempre ha estado ahí, sino que apareció -CON UN DISEÑO INTELIGENTE-  de ´la nada´, como por arte de magia, hace unos 13.800 millones de años (entre 13.730 y 13.810).

Pero volvamos con la Teoría Evolucionista por selección natural, de Charles Darwin, posteriormente reformulada en la actual Teoría de la Evolución, según la cual las diferentes especies han evolucionado por adaptación al medio. ¿Entonces por qué los chimpancés siguen ´haciendo el mono´ desde hace 500.000 años, y el ser humano moderno, una especie mucho más reciente, ha avanzado tecnológicamente y culturalmente lo indecible? ¿Acaso no compartían ambos el mismo medio y vivían en el mismo mundo?

Porque no estamos hablando de que nosotros hayamos avanzado más que los chimpancés, sino de que los chimpancés no han avanzado ´nada de nada´.

Según la teoría de la evolución, el “LEPISMA SACCHARINA”, más conocido como “pececillo de plata”, ese bichito que suele pulular por nuestros hogares, especialmente entre los libros, y que tiene una antigüedad de 400 MILLONES DE AÑOS, en la actualidad debería estar escribiendo libros, en lugar de comérselos, y nosotros, en pelotas pelando plátanos, en el zoo de Villa Pececilla de la Sierra Plateada. Pero claro, para conocer el “lepisma saccharina”, hace falta tener en casa bastantes libros, ya que solo con el de la autoescuela, difícilmente sobrevivirán.

Fuera sarcasmos, lo cierto es que ante este absurdo sinsentido, sigue teniendo más lógica la versión de la Biblia:

“Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie.» Y así fue. Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien. Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos y ocupar la tierra y SOMETEDLA; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra…» Y vio Dios cuanto había hecho, y que todo estaba bien. Y atardeció y amaneció: Día Sexto”. Génesis, 1: 24-31.

CUANDO LOS HIJOS DE DIOS SE UNÍAN A LAS HIJAS DE LOS HOMBRES Y ELLAS LES DABAN HIJOS

Se ha podido establecer que nuestra especie, Homo Sapiens apareció en África hace entre 100.000 y 200.000 años. El estudio de la genética añadió el descubrimiento, en 1999, de que el ADN de las mitocondrias (los organelos encargados de convertir los alimentos en energía) de nuestras células procede únicamente de la madre, ya que el ADN mitocondrial procedente del padre es destruido en el embrión. Así, a diferencia del ADN del núcleo, que procede en un 50% del padre y en un 50% de la madre, el mitocondrial es el mismo que el de la madre, y sólo cambia por mutaciones por el paso del tiempo.

La tasa de mutaciones, que se puede calcular en general, y la deriva genética, la variación natural de los alelos neutrales que ocurre en las poblaciones, permitieron a los genetistas calcular que el origen de todo el ADN mitocondrial de los seres humanos actuales se encuentra en el de una sola hembra humana que vivió hace unos 150.000 años en África, en lo que hoy es Etiopía o Tanzania.

Sirva como ejemplo para comprender lo anteriormente expuesto, que un alemán de pura raza aria se parece más, genéticamente, a un pigmeo negro del Camerún, de lo que se pueden parecer genéticamente un lobo de la estepa rusa y un lobo de Europa occidental.

Por otro lado el equipo de la Universidad de Stanford, secuenció los cromosomas de 69 hombres de todo el mundo, descubriendo cerca de 9.000 variaciones -hasta ahora desconocidas- de la secuencia de ADN. Utilizaron estas variaciones para crear un reloj molecular más confiable y encontraron que el Adán Cromosómico existió antes que la Eva mitocondrial, pero pudieron coincidir en la misma época.

¿Entonces, por qué las grandes diferencias raciales existentes entre los seres humanos?

La respuesta podría estar también en la Biblia:

«Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la haz de la tierra y les nacieron hijas, VIERON LOS HIJOS DE DIOS QUE LAS HIJAS DE LOS HOMBRES ERAN HERMOSAS, Y TOMARON POR MUJERES A LAS QUE MÁS LES GUSTABAN… Los (ÁNGELES CAÍDOS) existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos…» Génesis, 6: 1, 2,4. Pero esa es otra historia en la que llevo trabajando desde hace años, Un libro que lleva por título “LAS LÁGRIMAS DE YAHVÉ: Los desterrados hijos de Eva”.

Al final, la teoría de Darwin sobre el origen del hombre no deja de ser más que un acto de fe hacia un hombre que carecía de ella.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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