Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas...

La cutre demagogia laicista de la Agenda 2030

...si no tengo amor, nada me aprovecha

El Buen Samaritano
El Buen Samaritano. PD

De un tiempo a esta parte, el concepto ´caridad´ ha sido malinterpretado torticeramente, debido principalmente al analfabetismo funcional de unos y la mala leche de otros. Quede claro que CARIDAD no es BENEFICENCIA, tal y como se suele confundir habitualmente; la CARIDAD es AMOR.

El hecho de que la Caridad sea una virtud teologal  católica, ha provocado que -hoy en día- la misma sea declarada ´per se´ como políticamente incorrecta, y haya sido sustituida por una entelequia semántica, llamada ´JUSTICIA´.

Lo bien cierto es que la Caridad cristiana va mucho más lejos en su entrega y apoyo a los más desfavorecidos, que la inestable y etérea ´Justicia´, al estar esta última sujeta a cambios y modas, mientras que la Caridad permanece inalterable en sus principios evangélicos desde hace casi dos mil años.

La Justicia es inestablemente evolutiva, mientras que la Caridad cristiana es firme e inalterable. Veamos un ejemplo: Hace dos mil años la esclavitud era considerada como ´políticamente correcta´, y la misma se hallaba amparada por las diferentes leyes que configuraban la JUSTICIA de los diferentes pueblos de la época; y hace apenas doscientos años, la esclavitud en el Mundo seguía siendo considerada como legal y moralmente justa, y así, de esta guisa, el comercio y explotación de seres humanos se encontraba confortablemente amparado por la cacareada JUSTICIA y el conjunto de leyes que la sustentaba en la mayoría de países civilizados. Sin embargo, en base a la CARIDAD cristiana, la esclavitud era inadmisible hace casi dos mil años; lo era hace doscientos, y lo sigue siendo ahora.

La CARIDAD cristiana supone amar al prójimo como a nosotros mismos, sin límites egoístas, ni tan siquiera sin valorar si nuestros semejantes son merecedores o no -en JUSTICIA- de nuestro amor hacia ellos.

La CARIDAD cristiana es un mandato divino que, al igual que el resto de los mandatos de Dios, queda sujeto a nuestro libre albedrío, a nuestra libertad de elección a la hora de cumplirlos o no; todo lo contrario a lo que acontece con las ´fascistoides´ normas emanadas de la JUSTICIA humana, en las que el incumplimiento de las leyes puede acarrear la cárcel.

Pablo de Tarso nos habló de la CARIDAD, y su visión viene recogida por el Evangelio, que a la postre es quien marca el código de conducta de los cristianos, al ser éste el texto fundamental de aquellos bautizados que hacemos profesión de fe; y ello, por encima de modas pasajeras, y por supuesto por encima de los diferentes ´restiling´ hechos desde la doctrina de la Iglesia, por parte de sus doctores.

Así habla Pablo de Tarso a la CARIDAD, en “I Corintios, 13: 1-13”:

«Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, nada me aprovecha».

Es en este versículo donde podemos apreciar claramente el significado cristiano de la palabra caridad, que va más allá de la compasión y la benevolencia, a pesar de que en la mayoría de las traducciones del Nuevo Testamento, sustituyen la palabra ´amor´ por la de ´caridad´, dando lugar a una contradicción rayana el absurdo, al decir: «Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha».

Así, como el movimiento se demuestra andando, Cáritas invirtió en 2021 más de 403 millones de euros para acompañar a 2,6 millones de personas durante el segundo año de la pandemia; pero no por JUSTICIA ni obligación, sino por AMOR y con AMOR cristiano al prójimo, ayudando a todos aquellos desprotegidos, a los que el Estado Laico y su pomposa JUSTICIA había dejado abandonados a su suerte o, si me permiten una frase políticamente incorrecta, abandonados en las manos de Dios.

´Obras son amores y no buenas razones´.

No resisto la tentación de terminar compartiendo el final de un artículo publicado, hace un tiempo, por  el columnista de ABC Sevilla, Paco Robles:

…Mariano no podía creer lo que estaba viviendo en esos momentos. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias religiosas. Se limitaban a dar de comer al hambriento; sin adjetivos.

Al salir no le dio las gracias a la monja que le había servido. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una leve y respetuosa inclinación de cabeza, fue todo lo que hizo. Gesto al que la monja, mirándole con ternura a los ojos, le contestó con una sonrisa leve, mientras le murmuraba: “Vuelve cuando lo necesites y si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Caridad”.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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