La fe hace que nos concentremos en el final del viaje

Llega un momento en la vida…

Miremos hacia arriba, caminemos hacía adelante provistos de chichonera y escapulario, y que sea lo que Dios quiera

Antonio, sobre las rodillas de mi madre, junto a mi hermano José Luis
Antonio, sobre las rodillas de mi madre, junto a mi hermano José Luis. PD

Llega un momento en la vida en que, por tener ya pocas cosas que vivir, te dedicas a revivir el pasado. Digo que me quedan pocas cosas que vivir, no por las que vivir; no por las que escribir. Si Dios me ha regalado un don, tengo claro para qué tiene que aprovechar, y a quién tiene que servir.

Este tiempo que ahora vivo, es para mí como un compás de espera, sin un ápice de pesimismo, porque no puede ser pesimista aquel que ha tenido, inmerecidamente, el privilegio de conocer que hay un más aquí; un más allá. Y aquí y ahora, para algunos afortunados, es donde entra en juego, eso que llamamos fe.

La fe hace que nos concentremos en el final del viaje; un final que los creyentes, por nuestras convicciones, tenemos la confianza que será feliz. Todo lo demás que nos acontezca durante el itinerario, quedará -afortunadamente-  envuelto por la niebla de la incertidumbre, que hará que vayamos lidiando los trances, conforme vayan llegando, atendiendo a las palabras de Jesucristo en Mateo 6:34: «No os preocupéis por el día de mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene ya sus propios problemas.»

Si tuviésemos la certidumbre, como la que poseía Jesucristo, estaríamos contemplando todos los malos trances por los que aún tenemos que pasar necesariamente, viendo entonces a pequeña escala, lo que Él vio -como hombre- en el Huerto de los Olivos; y lo cierto es que había que ser el Hijo de Dios, para no echar a correr y cambiarse el apellido, ante lo que le venía encima. Por eso, entre la certeza y la fe, me quedo con la fe, y lo único que pido al Padre, es que no me falte nunca.

Miremos hacia arriba, caminemos hacía adelante provistos de chichonera y escapulario, y que sea lo que Dios quiera.

NOTA BIOGRÁFICA: En la fotografía, sobre las rodillas de mi madre, junto a mi hermano José Luis, me encontraba yo admirando la vida, en el Madrid de 1955, donde tras nacer en Valencia, viví hasta los tres años de edad, ignorante y feliz.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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