Entre el Evangelio y la Agenda 2030

Los límites del perdón cristiano

La gran diferencia entre el Amor Divino y el amor humano…

Amor
Amor. PD

El tópico dice que los cristianos debemos perdonar siempre, sin embargo no es así. El Evangelio es ´bueno´ y predica la bondad, pero en ningún caso es ´buenista´.

Como cristiano, y no se puede ser católico sin ser cristiano, cuatrocientas noventa son las veces que tengo que perdonar las ofensas que proceden de una misma persona. Muchas ofensas, mucho perdón. Bueno, o eso es por lo menos lo que nos mandó Jesucristo que hiciésemos:

«En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete…»

O sea, 490. Muchas, pero con un límite.

Bien podría haber respondido Jesucristo que siempre hay que perdonar cada vez que el reincidente te pida perdón; pero no lo hizo. Pidió que fuésemos muy, muy, muy generosos a la hora de perdonar, pero estableció un límite.

Por lo que a mí respecta, tengo un defecto y es que, si he percibido sinceridad en la disculpa, jamás he dejado a nadie, por reincidente que fuera, dejarle terminar la palabra perdóname. Simplemente le he interrumpido con un ´ya está olvidado´, rubricando mis palabras con un abrazo. Porque si hay algo que es superior a mis fuerzas es ver a un ser humano -amigo o enemigo- humillándose. Lo siento; no puedo.

En el caso inverso, que es cuando el que pide perdón soy yo, la pregunta que hago al Cielo es: Señor, si tras ofender, o perjudicar a mi hermano, arrepentido le pido perdón con humildad y de corazón, pero éste no me perdona, sino que me escupe en la cara con odio, la bilis de su rencor, ¿cuántas veces más tengo que volver a pedirle perdón? ¿490?

No sé qué me responderá, ni cuándo, pero sé que su respuesta me llegará…; porque siempre me ha llegado. Cuándo me llegue terminaré este escrito.

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Siete días habían pasado desde que escribí las líneas que anteceden, cuando la respuesta me vino como un flash:

– ¡NINGUNA!

Creo que a Jesucristo le gusta la humildad, pero no la humillación, ni los que humillan.

Jesucristo es el único amor, generoso y de entrega plena, que nunca me ha defraudado ni pasado factura de su generosidad sin límites; ni tan siquiera me ha sacado los colores, o ´reñido´, que bien podría. Prodigalidad en plena concordancia con el salmo (Sal 51, 19): “Un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias». Esa es la gran diferencia entre el Amor Divino y el amor humano… Entre el Evangelio y la Agenda 2030.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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