Leía hace unos días las 20 cualidades que hacen destacar a un candidato: trabajo en equipo, responsabilidad, reaccionar bajo presión, actitud positiva, proactividad, adaptabilidad, interés, sinceridad, empatía, motivación, capacidad de aprendizaje, polivalencia, ser autodidacta, habilidades comunicativas, inteligencia emocional, dedicación, puntualidad, creatividad y flexibilidad… ¿A cuántos de los candidatos políticos actuales los definirías con todos estos adjetivos o, al menos, con diez de ellos?
Lo llamativo de la cuestión es que estas 20 cualidades no se refieren a la persona en el ámbito político, sino a los candidatos que buscan empleo, es decir, exigimos mucho más a cualquier trabajador que a un aspirante a alcalde, presidente autonómico o diputado nacional.
Demandamos, por citar algunos ejemplos, empatía e interés, cualidades muy alejadas del perfil ideal si tenemos políticas que en vez de hablar de lo que realmente nos preocupa a nosotras se centran en aplicaciones móviles que analizan quién, qué y cuánto tiempo dedican a las tareas domésticas los hombres frente a las mujeres… como bien sabes, querida lectora, es algo que nos quita el sueño cada noche. Y, por otro lado, otras políticas, o las mismas con distintos collares, son cómplices de que más de mil condenados por agresiones sexuales hayan reducido sus condenas.
Solicitamos a un candidato para un determinado puesto de trabajo que sea sincero cuando, en cambio, tenemos un Presidente del Gobierno que dice hoy una cosa y mañana la contraria sin ningún tipo de responsabilidad ni consecuencia… No cabe duda que cualquier trabajador mileurista con una cuarta parte de las mentiras que nos ha “vendido” este Presidente, hubiera sido cesado de inmediato y, además, de forma procedente, sin embargo en política, lamentablemente, el mal comportamiento y la falacia carecen de graves consecuencias.
Exigimos a un candidato para un puesto de trabajo estándar gran responsabilidad, puntualidad, dedicación y proactividad, mientras luego nos encontramos un hemiciclo semivacío con diputados y senadores teletrabajando desde sus casas, aunque cobrando dietas y kilometraje, y una falta de interés escandalosa en la mayoría de debates políticos en los que se trata lo que nos afecta, a ti y a mí, como si con ellos no fuera la cosa… ¿Se lo permitiríamos a un trabajador de nuestra empresa? ¿Lo consentirías tú?
Es curioso como reivindicamos en el mundo de la empresa flexibilidad, creatividad y adaptabilidad y, por el contrario, nos encontramos con políticas encorsetadas en el siglo XIX enzarzadas en cuestiones absurdas en las que se habla de si una mujer sabe y quiere masturbarse y a qué edad. O, sin ir más lejos, aprobando leyes como en esta última legislatura en la que se obliga al empleado a fichar su entrada y salida promoviendo el control y la vigilancia y no las posibilidades de producir por proyecto, ser flexible o teletrabajar cuando solo, un par de meses después de entrar en vigor esta absurda obligatoriedad, se nos exige encerrarnos en casa y trabajar a distancia sin plantearse la derogación de esta ley. En fin…
Disponer de un candidato político que integre cada una de esas cualidades enumeradas no es tarea fácil, pero si, al menos, cumpliera la mitad de ellas ya sería para catalogarlo como sobresaliente. La ciudadanía no busca superhéroes, solicita gobernantes con conocimientos, que sepan lo que hacen, que sean personas cercanas y humildes y que, si se equivocan como nos puede ocurrir a cualquier mortal, sepan pedir perdón y comprometerse a tomar medidas para que dicha situación o problemática no vuelva suceder.
Los ciudadanos observamos cómo tenemos candidatos políticos con excelentes habilidades comunicativas, no obstante, no sirven para empatizar y conectar con la gente y sí para embaucar y mentir. No queremos eso, obviamente, demandamos políticos excelsos, que sepan trabajar en equipo, con espíritu de sacrificio, capacidad de aprender y adaptación a este mundo líquido y cambiante repleto de incertidumbre en el que nos ha tocado vivir.
Un gran número de personas en estas próximas elecciones no saben a quién votar y es desconsolador escuchar que lo harán al menos malo… Debemos reflexionar. La clase política ha de invitarnos a transformar sus mensajes vacíos de copia y pega del pasado en mensajes ilusionantes, motivadores, reales, sensatos y creíbles. Es vital que el buen candidato baje a la arena y sepa identificar qué necesita el ciudadano de a pie y conectar sus propuestas y políticas con la calle y que estas se visualicen fácilmente y transmitan lo que de verdad se va a llevar a cabo y, por supuesto, comprometerse a ello.
Los votantes no desean promesas huecas, solicitan más compromiso y menos posts banales. Buscan conectar, tener feeling, quizás a través de vídeos cortos en los que se les habla de modo tranquilo, sonriente y cercano, quieren “conocer” a su político, no admirarle, ya que al final uno tiende a elegir a su representante en las urnas porque se identifica con él y no si le resulta del todo inalcanzable.

Carolina San Miguel, consultora, formadora en marketing político y experta en marca
personal de políticos. Autora del libro Marca personal para políticos sobresalientes.