Más información
Es impresionante la adaptación de las diferentes especies al medio en el que viven. Peces, insectos, aves, reptiles, mamíferos, cuyo apariencia externa se confunde con su hábitat, logrando en cada momento el camuflaje perfecto, bien para sorprender a sus víctimas, como en el caso de los depredadores, o bien para no ser vistas por éstos, en el caso de sus víctimas.
Un tiburón blanco, por ejemplo, es de color oscuro en su parte superior, mientras que su parte inferior es casi blanca. Con ello consigue que cuando se halla bajo su presa, la oscuridad de su lomo y aleta superior, se funda con la oscuridad de las profundidades, mientras que si es al revés, es decir que el tiburón está por encima de su presa, su vientre blanco se confundirá con la claridad de la superficie, haciendo que el tiburón sea prácticamente invisible a los ojos de su almuerzo.
¿Ello indica que el tiburón es un ser muy inteligente? No. En absoluto. Ello lo único que indica es que su evolución física obedece a un diseño muy inteligente.
El tiburón no es más que una ínfima parte del planeta Tierra, y el planeta Tierra una parte del Sistema Solar, que a su vez es una parte ínfima de una galaxia llamada Vía Láctea, que a su vez es una parte ínfima del Universo. Un universo que surgió de la “nada”, hace más de trece mil millones de años [entre 13.761 y 13.835 millones], con un diseño inteligente coincidente en su esencia con la versión literaria del Génesis de la Biblia.
Así lo entendió el Premio Nobel de Física, Arthur Compton, cuando dijo: «Para mí, la fe comienza con la comprensión de que una inteligencia suprema dio el ser al universo y creó al hombre. No me cuesta tener esa fe, porque el orden e inteligencia del cosmos dan testimonio de la más sublime declaración jamás hecha: “En el principio creó Dios”…».
Como también lo entendió el Premio Nobel de Física, Arno Penzias, cuando dijo: «Si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del Universo que la que nos aportan los datos científicos».
Decir que de la nada puede surgir algo con un diseño inteligente, raya lo bufo. Es lo menos inteligente que puede llegar a decir un ser humano; salvo que recurramos al ´políticamente incorrecto´ concepto del Dios Creador.
El problema de Darwin es que los árboles, junto a sus espesas cejas, nunca le dejaron ver el bosque.

