Supuestos creyentes

La escuela de la vida

EL MUNDO Y LA VIDA SON COMO UNA GIGANTESCA ESCUELA LLENA DE NIÑOS

La escuela de la vida

Las injusticias que existen en el Mundo, el hambre, la guerra, las desigualdades, la crueldad, la insolidaridad, el egoísmo, la corrupción…, son casi el único caballo de batalla de algunos, a la hora de negar la existencia de Dios, cuando estos sucesos, en cualquier caso, lo único que podrían es poner en duda su bondad, pero no su existencia.

El único autor y responsable de la existencia del mal en el Mundo es el propio hombre, al hacer un mal uso del don del libre albedrío con el que Dios lo dotó al crearlo. Pero hoy no voy a hablar de eso, por ya haberlo hecho en multitud de ocasiones.

Hoy quiero hablar de todos aquellos supuestos creyentes que mientras las desgracias e injusticias le ocurrían al vecino, han permanecido fieles a sus creencias, pero que cuando les ha tocado a ellos pasar el mal trago, han perdido la fe; cuando lo bien cierto es que no se puede perder aquello que nunca se ha tenido.

En esta vida he conocido, y conozco, a personas que han padecido lo que no le desearía ni al peor de mis enemigos, pero que sin embargo mantienen una fe que poco tiene que envidiar a la del paciente Job. Pero por esta misma regla de tres, también conozco a antiguos creyentes (teóricos) que debido a los reveses que da la vida, pregonan ahora – y a los cuatro vientos – su ateísmo, al tiempo que, paradójicamente, no pierden ocasión de manifestar públicamente su rencor a Dios… Y digo yo, ¿cómo se puede tener rencor a algo que (según ellos) no existe. ¡Demencial!

Un creyente auténtico, contempla su existencia presente como una ´parte´ dentro de un ´todo´ global; mientras que para un creyente ´de boquilla y pacotilla´, su actual existencia es el ´todo´, al no ser capaces de ver más allá de sus egocéntricas y mundanas narices, por simple miopía espiritual. Como esto del ´todo y la parte´, igual resulta un tanto confuso; pondré un ejemplo.

En los colegios hay NIÑOS QUE LO PASAN BIEN, pero también hay otros muchos NIÑOS QUE LO PASAN MAL y para los que la asistencia a clase es un suplicio sin sentido ni razón. Para estos últimos, los que lo pasan fatal en el colegio, su presente (su vida de niño) es el ´todo´, al ser incapaces (por razón de edad) de proyectar su mente a futuro y contemplar su existencia de una manera global, y ver la niñez como una parte pequeña de lo que será su vida.

Dentro del grupo de niños que aceptan de buen grado ir al colegio, aunque no les guste, encontramos dos tipos:

  • A) El de algunos NIÑOS PRECOCES (hay muy pocos) que son capaces de entender y aceptar su sacrificio presente, como un paso necesario en la construcción de alcanzar una vida mejor el día de mañana.
  • B) El de aquellos niños que aceptan el ir al colegio y cumplir con su obligación, porque sus padres que se supone que los aman, les dicen que es necesario para su bien. Ellos no lo entienden, pero obedecen y acatan su papel de “NIÑOS OBEDIENTES”, por ´fe´ hacia sus padres.

Pues bien, cuando hablamos de adultos, EL MUNDO Y LA VIDA SON COMO UNA GIGANTESCA ESCUELA LLENA DE NIÑOS, en donde encontramos:

  • A) Aquellos que no buscan más que ´jugar y divertirse´, hincando los codos lo menos posible, al ser incapaces de contemplar su existencia presente como un corto periodo de tiempo dentro de la Eternidad.
  • B) Aquellos que perciben el amor del Padre y por fe en Él, aceptan su papel en la ESCUELA DE LA VIDA, como paso necesario a UNA VIDA MEJOR. Una escuela en la que, como en todas, siempre habrán más horas y días de clase, estudio, esfuerzo y sacrificio, que de recreo y vacaciones. Porque al final, eso es la vida.

Aquellos cristianos que hayan leído el Evangelio de Jesús y crean en Él, entenderán su actual existencia como una ´parte´ dentro de un ´todo´. Ahora bien, si cuando les llegan los reveses propios de la vida, su fe flaquea durante unos segundos, es normal, y no pasa nada; pero si lo que se pierde es la fe, es porque ésta nunca había existido realmente en su supuesto espíritu cristiano. Es lo que suele suceder a muchos ´creyentes por tradición´, que jamás se han preocupado de profundizar en los misterios de la fe.

A aquellos cristianos que vean como se tambalea su fe ante la adversidad y la tribulación, les propongo que en esos momentos de oscuridad del alma, piensen en Jesús y María en el Calvario, y se pongan por unos momentos en su lugar; bien como víctimas inocentes clavadas en un madero, o bien en el papel de una madre que contempla como martirizan, crucifican, y le arrancan la vida a su hijo. Y si después de reflexionar sobre ello, se siguen sintiendo injustamente maltratados por la vida, entonces es que realmente nunca entendieron el significado de la palabra cristiano, y el auténtico sentido de la vida.

Si tras leer estas líneas, alguno se asusta y piensa que esto de ser cristiano es un mal negocio, se equivoca de todas, todas, ya que el hecho de no serlo, no le va a librar en absoluto de los golpes de la vida, con el agravante de que en los momentos de dificultad, no va a tener a quien encomendarse para que le evite el mal trago, o le dé la fuerza necesaria para superarlo.

Lo digo por experiencia; lo mejor que me ha sucedido en esta vida es ser cristiano. En Jesucristo he encontrado apoyo en la adversidad, fuerza en la tribulación y luz en la oscuridad. Y por cierto, los milagros existen y se dan a diario; tan solo hace falta fe.

Y en cuanto a los milagros, al final, ´la experiencia personal´ y el testimonio de millones de cristianos, suman; mientras que  ´las no experiencias´, son ceros a la izquierda que ni suman ni restan.

Salvando las distancias, es como confrontar el testimonio de un millón de personas que afirman haber presenciado un milagro alguna vez en su vida, frente al testimonio de un millón de personas que afirman que nunca han presenciado ninguno. La experiencia suma cifras a la derecha; la no experiencia suma ceros a la izquierda; o sea, nada.

Al igual como los niños razonan con lógica infantil y son incapaces de pensar (o les cuesta mucho) con la lógica del hombre (varón/hembra), pretender que los niños razonen con lógica de hombres, es tan absurdo como pretender que Dios actúe con lógica humana. La lógica humana está encorsetada por la enrevesada temporalidad mundana, mientras que la Lógica Divina no tiene límites, como no los tiene el Amor.

Solo a través del crecimiento espiritual podemos empezar a aproximarnos a la Lógica Divina, para de este modo comenzar a entrever el porqué de los muchos sinsentidos con los que la mente nos tortura.

Personalmente, y en esta cuestión, siento el amor de Dios en cada poro de mi piel, y es por ello que adopto el papel de esos niños que aún sin comprender muchas cosas, hacen un acto de fe hacia sus padres, porque perciben el amor de éstos y saben que desean lo mejor para ellos; lo cual no es óbice para que un servidor, cada día que pasa, vaya creciendo en espiritualidad, y comience a pensar -cada vez más- con la lógica de mi Padre y Creador.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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