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Tal vez el momento más sublime que puede haber en pareja, no es el acto sexual común a todos los animales, sino el del cruce de miradas que ahorra palabras y empuja a un abrazo sentido y deseado que por unos instantes nos hará levitar, subir y bajar, mientras lágrimas y labios, fundidos en un húmedo abrazo de labios, conjugan el indicativo presente del verbo amar.
Más tarde tiempo habrá de desencuentros, de ´arroz con gritos´…, y poco más´, mientras la vida seguirá rodando, aquí o ´más allá´, en un eterno y siempre ilusionante, volver a empezar…
Tal vez mañana…
¡Dios dirá!

