NOS TOMAN POR IMBÉCILES

“¡Oh, la, la!”

Luis XIII… y medio

“¡Oh, la, la!”

Me resisto a dejar pasar, sin comentarlas, las recientes Elecciones Legislativas francesas.

Una buena manera de empezar a entender el resultado, es darse un paseo por los Medios de Comunicación españoles; la inmensa mayoría dedican sus titulares a “la ultraderecha”; sobre todo, para alegrarse de su derrota en las urnas.

Eso nos va a dar muchas pistas; para empezar, esa supuesta “ultraderecha” que todos malintencionadamente identifican con el Partido de la señora Le Pen, no ha sido derrotada en las urnas: al contrario, sus diez millones largos de votos superan en más de tres al segundo, el Nuevo Frente Popular; fue, pues, la clara vencedora; aunque las normas electorales francesas, astutamente aprovechadas por la  llamada “izquierda” (que de izquierda tiene poco) les han dado más escaños que a los de Le Pen.

Como de costumbre, de la mentira no hay quién les saque. Estos se atreven a ir incluso contra las cifras cuando no les gustan. Mientras haya gente que les crea…

No es mucha la simpatía que le tengo a esta señora; su programa, más que discutible en algunos extremos, por lo menos, va enfocado, prioritariamente, al problema más acuciante que padecen sus compatriotas: la violencia que les está machacando a todas horas a manos de una feroz e incontrolada inmigración. Y, también, de modo, no sé si muy acertado, intentar salvar a Francia de la quiebra en la que está a punto de caer

Acabo de ver imágenes grabadas en algún barrio parisino; poco más de un minuto era su duración; fueron obtenidas a última hora de la tarde, cuando el sol ya se había puesto; calles sucias como no las había visto nunca en aquella antaño hermosa ciudad; pude observar cómo las recorrían, tal vez, unas doscientas personas;  ni una sola de ellas era de raza blanca; luego supe que, en cuanto oscurece, los franceses de toda la vida se encierran en sus casas; resulta más que arriesgado salir de noche en un país que registra la escalofriante cifra de ¡sesenta y cinco violaciones diarias!

Pues bien, la supuesta izquierda, tan alabada aquí por los de siempre, se presentó ante sus conciudadanos con un programa electoral que ponía los pelos de punta.

De poco les servirá a los franceses, a partir de ahora, encerrarse en sus casas; por lo visto, lo “progresista” es dar barra libre a cuantos delincuentes tengan la feliz idea de asaltar viviendas ajenas;  ya no será preciso apoderarse nada más que de las vacías o apropiarse de otras mediante un alquiler que nadie va a obligarles a pagar; según el Partido al que tan efusivamente ha felicitado Pedro Sánchez por su “victoria”, si tiran la puerta abajo, echan a la calle a patadas a los propietarios y se instalan allí, la obligación del “izquierdista” Gobierno será ponerse de parte de los ladrones.

Las medidas económicas del Nuevo Frente Popular son también para echarse a temblar: más deuda, más inflación, más paro…y más miseria.

Y, por último, la guinda del pastel: cuantos más inmigrantes entren ilegalmente en el país, más violencia tendremos y más pobres seremos. Al parecer, de eso es de lo que se trata.

Le Pen, por lo menos, repito, abordaba con decisión los dos problemas que están acabando con Francia: la destructiva inmigración y el intento de una buena parte de la clase política de llevar al país a la ruina en el menor tiempo posible.

Diez millones largos de franceses han entendido que lo que se ventilaba en las urnas no era una pugna derecha-izquierda, sino un más o menos acertado intento de salir del abismo o el propósito de acabar definitivamente con la nación.

La señora Le Pen les gustaría más o les gustaría menos; pero esos diez millones entendieron que si te has caído a un pozo y alguien te tira una cuerda, no dudes si cogerla o no en función de lo simpática que te caiga la persona que intenta ayudarte.

Pues bien, prácticamente el resto de los votantes ¡se han creído el cuento de siempre! Como de costumbre, para ellos, lo importante era cerrar el paso a la “ultraderecha”; que les maten , les violen, les arrojen de sus casas o les arruinen, son simples “efectos colaterales”; lo que cuenta es la victoria, la maravillosa victoria conseguida sobre la extrema derecha.

Lo lamentable es que no serán muchos los que, finalmente, descubran quiénes han sido, de verdad, los derrotados.

La mayoría seguirán convencidos de que lo real es lo que les cuentan, no lo que serían capaces de ver con sólo fijarse un poco.

Y así les irá.

¿A qué esperamos para poner nuestras barbas a remojar?

 

Luis XIII… y medio

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