La Humanidad, de siempre, ha soportado
una ración de gente miserable;
y por más que parezca inevitable,
pura defensa propia, se ha dotado
de medios y de Leyes que han buscado
luchar contra el delito y, al culpable,
castigo riguroso e implacable
de siempre, la Justicia ha propinado.
Por duras que las penas hayan sido,
ladrones, asesinos, violadores,
en buena proporción, no han desistido.
Por desgracia, quizá sean peores
los necios e ignorantes, que han traído
más daño, más herida y más horrores:
hoy, no pocos incultos, delincuentes,
se cuentan entre nuestros dirigentes.
