Estos días se han cumplido 6 años del fallecimiento de mi paisano y fraternal amigo, el político valenciano Joaquín Calomarde Gramage.
Calomarde, diputado por Valencia en el Congreso, empezó la legislatura 2004-2008 con el Partido Popular, pasando con posterioridad al Grupo Mixto, por desavenencias con la dirección nacional de su partido. En febrero de 2009 se unió al Centro Democrático Liberal (CDL).
Calomarde fue ante todo un hombre valiente y honesto, coherente con sus principios. Un ´ave raris´ dentro del poco honorable mundo de la política, por lo que, como no podía ser de otra manera, terminó siendo un apestado.
Raro es el día que, ante la deriva autócrata que está tomando España, no me acuerde de mi amigo Joaquín, un liberal libertario que, desgraciadamente, no llegó a conocer a Milei, ni la revolución que viene, como reacción natural a la dictadura globalista de la escuadra y el compás, de los hijos de satanás.
Para concluir, quiero rescatar, por su doliente humanidad, las que posiblemente fueron sus últimas palabras públicas, poco antes de su fallecimiento:
«La enfermedad, la hospitalización, te recluye en un pequeño universo en el que el mundo exterior apenas irrumpe… Conviene pensar en las muchas personas que están pasando por trances similares, para no perder la perspectiva, ni incrementar la egolatría y el victimismo.»
Joaquín Calomarde, uno de los últimos caballeros, en cruzada permanente contra el deshonor y la corrupción; amén de su elegante y poco disimulado desdén, hacia la ordinariez y la ramplonería.
Nos vemos, hermano, en algún lugar entre el Cielo y el Infierno.

