Después de miles de siglos
la mujer, considerada
poco menos que incapaz
mentalmente, retrasada,
por fin, tamaña injusticia
conseguimos superarla.
Una vez somos iguales
en derechos “por” y “para”
también oportunidades
en ambos sexos se igualan,
conviene entrar en matices
no son “minuta peccata”:
que somos iguales es
una colosal patraña
cuando hablamos de otras cosas,
no de social relevancia.
¡Ellas son mucho mejores
en prendas tantas y tantas…!
De entrada, bastante más
precavidas y sensatas,
y resulta más difícil
que, a nosotros, engañarlas.
Si este mundo hubiera estado
no en manos atolondradas
las del hombre, así nos fue,
sino en las suyas, más aptas,
otro gallo habría cantado
pues mejor cacareara.
A nadie le quepa duda
que hay mujeres en España
capaces y competentes,
y me atrevo a decir ¡sabias!
Son muchas, bien a la vista
pues sus obras las avalan.
¡Mira si tendría Sánchez,
de molestarse en buscarlas,
todo un Gobierno de lujo
no Ministras iletradas
que no dan una a derechas
bulos y fango a mansalva!
Pena da pasa pasar la lista:
las Montero, la Belarra
las que nos están dejando
como en pelota picada
o la señora Alegría
que, la pobre, no se aclara;
lo suyo, seguro, no es
ni de lejos, la palabra;
y, en lo de decir verdades,
como, costumbre, le falta,
se mete en unos jardines
de los que sólo la sacan
a coro, quienes la escuchan,
sus sonoras carcajadas.
Para tomársela en serio,
créanme, hacen falta ganas.
Desde luego, tiene mérito
tales prodigios, juntarlas.
Se miren como se miren
¡éstas, sí que son manada!
Es claro que nuestra ruina
es lo que Sánchez buscaba;
desde luego en ello está
de la noche a la mañana;
en eso, y tan sólo en eso,
el éxito le acompaña.
Que si, al elegir Ministras,
lo suyo es meter la pata,
en lo tocante a su esposa,
la cosa, con mucho, cambia
pues que son tal para cual,
el es guapo y ella es guapa
van siempre de acuerdo en todo
la una, al otro calcada.
Si enamorado está él,
lo dejó claro en su carta,
ella, en todo, viene a ser
igualmente enamorada
feliz colaboradora
mujer que jamás le falla;
pues caminan de la mano
y a cuatro manos, muy largas.
Volvamos a nuestro asunto
que es la inaceptable carga
que soportamos por culpa
de las memas que hoy nos mandan.
Así que, las feministas,
las de verdad, no esta panda
forradas a subvenciones
para armar buena jarana,
que son lo más parecido
al parrús de la Bernarda,
tomen, por fin, la batuta
hasta que a su son bailara
un Estado, que, decencia
en los sus pechos mamara.
Sepan, pues, que ustedes son
nuestra única esperanza;
pongan todas pie en pared
y acaben con esta mafia.
Si las mujeres nos traen
al mundo, de eso se trata:
otro parto más difícil
quizá aborto se llamara,
el mandar a esta gentuza
a cárcel bien enrejada
¡y devuelvan los dineros
que a manos llenas robaran!
Señoras, todo es ponerse:
lograrán decirles ¡basta!
y este mundo será entonces,
de aceite, toda una balsa.
A por ellos, ese aceite,
los fría como a patatas
y se los coman ustedes
hasta la última raspa.
Si así lo hicieran, señoras,
la oscuridad superada,
como cantara el poeta
“¡está despuntando el alba!”
