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Cuando camines a través de la tormenta, mantén la cabeza bien alta, mientras con el rostro bañado por lágrimas de impotencia y rabia, sonríes al destino que te zarandea, que te empuja, que te arrastra; que te da esperanza y luego te la arrebata, mientras tú alma, entre rayos, una vez más del suelo se levanta.
Nunca pierdas la esperanza; el mal nunca gana.

